Archivo mensual: abril 2009

J. G. Ballard, escritor y gran visionario moderno (Obituario)

EL PAIS-Jacinto Antón

El soñador de catástrofes se ha adentrado en el más ignoto de los territorios devastados: el escritor británico James Graham Ballard, uno de los grandes visionarios del siglo XX, considerado el último de los surrealistas y maestro de la ciencia-ficción más literaria, falleció ayer, 19 de abril, a los 78 años, a consecuencia del cáncer de próstata que sufría.

El soñador de catástrofes se ha adentrado en el más ignoto de los territorios devastados: el escritor británico James Graham Ballard, uno de los grandes visionarios del siglo XX, considerado el último de los surrealistas y maestro de la ciencia-ficción más literaria, falleció ayer, 19 de abril, a los 78 años, a consecuencia del cáncer de próstata que sufría. El autor había revelado su enfermedad, y que no esperaba curación, en su autobiografía Milagros de vida (Mondadori), aparecida el año pasado. Ballard era viudo desde que su esposa, Mary Ballard, falleció trágicamente en 1963 en Alicante durante unas vacaciones en familia. El escritor sacó adelante a sus tres hijos y desde hace cuarenta años mantenía una relación de pareja con Claire Walsh, que lo ha acompañado hasta la muerte.

Ballard, nacido en 1930 en Shanghai, donde sus padres eran miembros de la colonia británica, tuvo una infancia exótica y aventurera en China al vivir la invasión japonesa y verse recluido con su familia en un campo de concentración. Esa experiencia dramática la narró en su novela más conocida, la autobiográfica El imperio del sol (1984), que Spielberg convirtió en película. Ballard regresó a Reino Unido de adolescente y nunca pudo adaptarse al mundo gris y cerrado de la sociedad británica de posguerra. Estudió Medicina, y la anatomía y la disección forman parte integrante de su literatura, a veces de una perturbadora fisicidad y sexualidad. También se enroló en la fuerza aérea (RAF) donde realizó el curso de piloto, y el imaginario de los aviones y el vuelo -especialmente lo relacionado con la caída de los fulgurantes aparatos- aparece en sus textos.

ballard

Las imágenes, sueños y experiencias traumáticas de la China devastada por la guerra le acompañaron toda la vida y formaron en buena medida su mundo creativo, caracterizado por una conexión tremendamente fructífera con el inconsciente que se expresaba en una capacidad asombrosa para el simbolismo y las metáforas.

Los edificios deshabitados, los night-clubs y hoteles abandonados, las piscinas vacías, los desiertos… son algunos de los no-lugares oníricos que pueblan los sensacionales cuentos y novelas de Ballard, cuya lectura provoca una sensación escalofriante, a la vez de extrañeza y reconocimiento. En una ocasión, entrevistado por quien firma estas líneas, el escritor, que tras la muerte de su mujer pasó una época abismal de alcohol, desesperación y sexo, afirmó que no necesitaba drogas para imaginar sus mundos, algunos de los cuales tienen una luminosidad lisérgica: “No hay droga como la mente”. Algunos críticos vieron en su escritura un elemento enfermizo, malsano y perverso. Sus muchos admiradores, en cambio, destacan su capacidad de avizorar el futuro y escrutar en las profundidades de nuestras almas, sondeando los elementos más tenebrosos, pero también los más conmovedores y extraordinarios.

Admirador de los pintores surrealistas, de Magritte, de Dalí, de De Chirico, de Delvaux sobre todo, de los que su universo imaginario es muy deudor, Ballard estuvo muy interesado por el mundo artístico y se vinculó a los movimientos vanguardistas de los sesenta. En una ocasión, incluso organizó una exposición de automóviles destrozados en accidentes, un tema que le obsesionaba y que sublimó en su novela Crash (1973), llevada al cine por David Cronenberg. De su época experimental, en la que no dudó en acercarse a la pornografía y rodear su escritura de elementos morbosos y alucinatorios, son libros inclasificables como La exhibición de atrocidades.

Varias de sus obras más conocidas giran en torno a catástrofes que amenazan la Tierra y conducen a los personajes a una regresión psicológica, a un apocalipsis interno que no deja de tener un elemento de regeneración. Novelas como El mundo sumergido, La sequía o El mundo de cristal, imaginan la civilización abocada a su fin respectivamente por inundaciones, falta de agua o un extraño fenómeno que cristaliza la naturaleza.

El año pasado, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona le dedicó una magnífica exposición que revisaba todos los aspectos de su obra. Ballard era consciente de que se moría y sus últimos tiempos los ha pasado colaborando con su médico en una suerte de experimento literario en torno a su enfermedad, del que no se sabe si sus frutos verán la luz pública.

 

 

¡Bendita locura perica!

Pericosonline.com/Iñaki Ellakuría

 

“Igual piensan que estoy loco, pero creo que nos salvaremos”, dijo Iván de la Peña durante una rueda de prensa antes de jugar contra el Deportivo de la Coruña. No me gusta contradecir a los genios pero… Iván se equivocó  en una cosa. Él está loco y la afición perica, también. Es el síndrome de la locura de la salvación que está contagiando cada día que pasa a más hinchas blanquiazules. Incluso los más críticos en su análisis, los más pesimistas, se atreven ya a decir con la boca pequeña que quizá no, tal vez todavía no estemos condenados a la segunda división.

 ESPANYOL- DEPORTIVO DE LA CORUÑA

En estos tiempos de crisis económica e incertidumbre moral, de procesiones  pericas a basílicas de cargada simbología y de masivos desplazamientos blanquiazules a Villareal, Pamplona y Soria, la locura se ha convertido en nuestra mejor arma. Estamos locos y sabemos lo que queremos: ¡Seguir en primera!

 

 

Acostumbrados a vivir –como Lou Reed- en el lado salvaje de la vida, el sufrido seguidor espanyolista  ha decidido rebelarse contra la razón, la cordura y el orden establecido.  Liderados por ese divino calvo que ahora, además de dar pases de ensueño, se ha puesto a golear, los  pericos han dicho que este tiempo de creer que el destino no está escrito. Una inconformista actitud que está dejando estupefactos a los seguidores del otro equipo de la ciudad. ¿Cómo es posible que sigan animando al equipo si van los últimos? Un orgullo perico que por fin ha sido captado por la plantilla. Más vale tarde que nunca.

 

“Darles las gracias de corazón, de sentimiento. Son increíbles. Son grandes, son simplemente los mejores. Insuperables. Te ponen a cien o a mil. Gritan, animan y se desgañitan. Aman a sus colores, tienen pasión por la blanquiazul y nosotros somos un afortunados; nos consideran ídolos, pero ellos sí que lo son para el equipo”, exclamó Rufete tras el partido contra el Deportivo. Javier Chica dijo: “Son nuestro orgullo, supimos cerrar el partido y comprobé lo mucho que quieren al equipo”. Nené declaró: “En la vida he visto una afición como la del Espanyol. Ni en Francia ni aquí, en España. Es más, en Brasil, que son apasionados, apoyan menos”.

Los pericos ya han decidido que si hay que morir, mejor que sea con las botas puestas y el cuchillo entre los dientes. Y mientras el otro equipo de la ciudad busca su particular You’ll never walk alone (“Boig per tu”, juas, juas, juas)  el aficionado blanquiazul repite cada noche su particular credo: “Prefiero una locura que nos entusiasme que una (supuesta) verdad que nos abata”. RCDE 1900, No surrender.

 

Antología de artículos de Jorge Ibargüengoitia

SARCASMO AZTECA, PERIODISMO UNIVERSAL

CULTURA/S-Iñaki Ellakuría

“Si no ha leído a Jorge Ibargüengoitia, compre alguno de sus libros y léalo. Es muy probable que no encuentre nada en las librerías españolas, lo que demuestra, una vez más, que la vida puede estar muy bien, pero el mundo está muy mal.” Este fue el consejo que lanzó hace unos meses Enric González en su columna, quizá la mejor hoy de la prensa española. Pues bien, ahora podemos afirmar que el mundo está fatal pero todavía hay esperanza: Reino de Redonda, proyecto editorial comandado por Javier Marías, publica Revolución en el jardín,cuidada selección a cargo de Juan Villoro de artículos que Ibargüengoitia publicó en el diario Excélsior y la revista Vuelta entre 1968 y 1983. Ese año un Boeing 747 de la compañía Avianca con destino a Bogotá, y escala en Madrid, se estrelló cerca de Barajas. Murieron todos los pasajeros, 181. Entre ellos, Ibargüengoitia.

Nacido en 1928 en la ciudad de Guanajato, provincia criolla y católica, Ibargüengoitia es hoy en España un escritor prácticamente desconocido. Aunque no siempre corrió la misma suerte. Gozó de cierto reconocimiento como novelista a mediados de los 80; pero su repentina muerte, el hecho de que perteneciera a una generación, la llamada post-boom, formada entre otros por Sergio Pitol, Helena Poniatowska o Manuel Puig, que creció a la sombra de sus hermanos mayores (los monstruos García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Onetti, Fuentes…) y quizá su impronunciable apellido de origen vasco han sido algunas de las causas de que viva instalado en el olimpo del escritor olvidado. Y son legión.

Ibargüengoitia

Ibargüengoitia

Un destino injusto para tanto talento. Novelista y precoz autor teatral, obtuvo el reconocimiento de la crítica mexicana, pero halló serias dificultades para trasladar sus piezas al escenario. Empresarios y público le dieron la espalda, por lo que decidió – como tantos otros escritores-buscar refugio en el periodismo. Una profesión que casó al instante con sus intentos de evitar caer en un excesivo intelectualismo. Así, compartiendo página con plumillas y gacetilleros, alcanzó su madurez como escritor y dejó para la posteridad una colección de artículos y crónicas periodísticas que en su día revolucionaron el género, y que siguen deslumbrando al lector ocasional por su modernidad y vigencia.

¿Cuáles son las armas de su escritura? Una prosa ágil; una punzante ironía; un ligero sarcasmo con gotas de tequila (lo mexicano es un elemento central de su obra), un poco de flema británica, dosis de surrealismo azteca y un humorismo con ecos de Julio Camba y César González Ruano; cierto distanciamiento elitista, destreza para el diálogo, un afán por cuestionar sin tapujos lo establecido y por poner en evidencia las incongruencias de la sociedad moderna y sus mecanismos… todo ello visto siempre desde su casa de Coyoacán, barrio de Ciudad de México en el que residió durante años.

Entre sus piezas más celebradas figura el reportaje que da nombre a esta recopilación, Revolución en el jardín.Una crónica en la que a partir de detalles y conversaciones esporádicas escribe la sinrazón del régimen comunista, con sus kafkianos mecanismos burocráticos, la supuesta libertad tutelada por el ejército y sus numerosos colaboradores entre la población civil. Todo ello escrito en un momento, 1964, en el que la izquierda exquisita – y no tanto-ensalzaba a viva voz el modelo castrista como referente a seguir. Ibargüengoitia, premiado por el gobierno cubano por una de sus novelas e invitado a recoger el galardón en la isla, se expulsa cualquier complejo y narra sus peripecias cubanas, con conexiones por momentos con el gonzo de Hunter S. Thompson en Miedo y asco en Las Vegas.

Ahora que el periodismo escrito se pregunta por cuál será su futuro y su función en la (supuesta) era de internet, es altamente recomendable acudir a los maestros del articulismo para darse cuenta de que la buena literatura, el periodismo certero, es universal y le traen al pairo las discusiones bizantinas sobre formatos, soportes multimedia y experimentos de marketing de la industrial editorial.