Archivo mensual: noviembre 2009

Chamaco: El torero que revolucionó Barcelona

EL TORERO QUE REVOLUCIONÓ BARCELONA

Paco March-La Vanguardia

A los 74 años de edad, ha fallecido en su Huelva natal, el que fuera matador de toros Antonio Borrero Chamaco , quien durante la década de los años cincuenta del pasado siglo fue auténtico ídolo de masas en Barcelona, más allá de los ambientes estrictamente taurinos. De origen humilde, Chamaco, enjuto y cetrino, debuta en Huelva como novillero sin caballos en 1953 y el 7 de marzo de 1954 se presenta en la plaza Monumental catalana en el que sería el primer acto del “fenómeno Chamaco”. El empresario, Pedro Balañá, le prometió pagarle los gastos y una repetición si gustaba: toreó veinticuatro tardes ese año en Barcelona, cortando 33 orejas, siete rabos y tres patas.

El “chamaquismo” se convierte a partir de ese momento en un fenómeno popular al que se suma la rivalidad con el torero de Santa Coloma de Gramenet Joaquín Bernadó, de concepto estilístico opuesto a las heterodoxas formas del onubense.

ESPAÑA-TOROS-FALLECIMIENTO

Con un toreo basado en la quietud, una cintura de enorme flexibilidad, reflejos asombrosos y pisando terrenos de inverosímil proximidad a los pitones, Chamaco, con su acusada personalidad, llena los tendidos y desata las pasiones en una sociedad necesitada de ídolos y que, en lo taurino, vivía huérfana de ellos desde la muerte de Manolete.

El 7 de octubre de 1957, Chamaco toma la alternativa en Barcelona de manos de Miguel Báez Litri , con Antonio Ordóñez de testigo, estoqueando el toro Larguirucho de la ganadería de Urquijo. Su presentación en Madrid un año después no se ve acompañada por el éxito, lo que hace que parte de la afición y la crítica lo consideren más un fenómeno local que una auténtica figura, pese a que suma ochenta festejos, dieciocho de ellos en Barcelona.

El 12 de octubre de 1961, tras torear en la Monumental, anuncia su retirada pero vuelve a los ruedos en 1963. Son años de pocos contratos y menor reconocimiento que tienen un punto final el 14 de septiembre de 1967 con la Monumental como testigo.
Pero Chamaco ha sido mucho más, que lo que las estadísticas y los análisis de su trayectoria taurina puedan mostrar.

Entre 1954 y 1960, sólo Chamaco podía discutir el cariño popular de la ciudad de Barcelona con el otro gran ídolo, el futbolista Ladislao Kubala. Se hizo célebre la pizarra que, a mitad de la corrida del domingo, anunciaba a Chamaco y dos más para el jueves, agotándose la entradas.

Torero tremendista se le llamó, quizás con cierto aire de descalificación, pero lo cierto es que Antonio Borrero supo cautivar no sólo a los aficionados sino también ser recibido en los salones de la alta sociedad de la época que, con una mezcla de admiración y gusto por lo exótico lo convirtieron en asiduo de sus fiestas, rompiendo así barreras y llevando su “revolución” más allá de los ruedos.

Varias son las anécdotas que evidencian el grado de comunión entre el torero y la ciudad. Como consecuencia lógica de su forma de interpretar el toreo, Chamaco sufrió varias cogidas graves y con ocasión de una de ellas, que le impedía torear en la fecha anunciada en Barcelona, el astuto patriarca Balañá le sustituyó por un desconocido Camacho, lo que confundió al gentío que, sin reparar en ello, casi llenó los tendidos.

Fueron años de gloria del toreo en nuestra ciudad, en la que incluso funcionaba la escuela taurina del torero eibarrés Pedrucho, afincado aquí, por la que pasaron toreros catalanes como los hoy empresarios Espinosa y Patón, Enrique Molina y tantos otros. Años de efervescencia, con las calles invadidas por la muchedumbre que, después de las tardes de toros, portaban en hombros a su ídolo Chamaco, casi convertido en paso de Semana Santa, desde las Arenas o la Monumental hasta el hotel Comercio de la calle Escudellers donde se alojaba el torero.

Hablar de la Barcelona taurina es hablar de Chamaco, como lo atestiguan las 178 tardes en que, durante doce años, toreó en sus plazas, 15 en Las Arenas y 163 en la Monumental. Una historia, la de Barcelona y Chamaco, que en estos momentos de incertidumbre por el futuro de las corridas de toros en Catalunya conviene tener muy presente.
Gracias, torero.