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Lecturas de verano

Lecturas de verano.

Reverte, la vida y los idiotas

Reverte, la vida y los idiotas.

El misterio de B. Traven

Texto de Barry Giford

¿Importa de veras quién fue B. Traven? ¿Fue alguna vez un cerrajero polaco llamado Feige? ¿Un actor convertido en periodista radical en Múnich, llamado Ret Marut? ¿Un emigrante alemán o tal vez noruego llamado Traven Torvsan? ¿Un estadounidense llegado de Europa que alguna vez trabajara como marinero y desembarcara en Tampico en 1942 para nunca volver a navegar? ¿O era Hal Croves, que en 1947 se presentó a John Huston como agente del autor de El tesoro de la Sierra Madre, en el Hotel Reforma de la ciudad de México? ¿Era el hijo ilegítimo de un industrial alemán judío llamado Emil Rathenau y de una actriz de nombre Josephine von Stenwarldt? ¿O el hijo ilegítimo del káiser Guillermo y de una actriz llamada Helen Mareck o Helen Maret? ¿Por qué Ret Marut —antisemita pero exaltado defensor del anarquista judío Gustav Landauer en Baviera en 1919—, que muchos piensan que se transformó en B. Traven, fue un narrador y humanista que se aisló en México tras escapar a una sentencia de muerte por haber sido declarado enemigo del Estado en Múnich; había tratado de huir a Estados Unidos o Canadá, se había ocultado en Berlín durante cuatro años, haciendo y vendiendo muñecas de trapo en la calle con su amante Irene Mermet (que después se casó con un abogado y profesor de Harvard y vivió en Nueva York), y estuvo preso durante tres meses en la cárcel de Brixton, en Londres, por no haberse registrado como extranjero y hacerse llamar Hermann Feige, tenía una caligrafía por completo diferente de la escritura de quien se proclamó autor de alrededor de una docena de novelas, además de algunos cuentos y un memorable trabajo documental?
     

El hombre llamado B. Traven declaró una y otra vez que lo único que importa de veras es la obra, no el autor, conclusión con la que tiendo a estar de acuerdo. Como señala el estudioso de Traven, Michael Baumann, en realidad no se sabe nada sobre Shakespeare ni sobre Homero, pero la obra de ambos es objeto de reverencia y estudio infinitos. No, no importa quién fuera B. Traven. Lo que importa —me importa a mí, por lo menos— es por qué.
    

 Como muchas personas, el primer contacto que tuve con la obra de Traven fue a través de la película El tesoro de la Sierra Madre, dirigida por John Huston, protagonizada por Humphrey Bogart, realizada en 1948. Nunca olvidé al chico, representado por Bobby Blake, que le vendía un billete de lotería a Fred C. Dobbs, el personaje representado por Bogart, en una cantina de Tampico. Casi medio siglo después, Blake representó a otro personaje inolvidable llamado “El Hombre del Misterio” en una película que escribí en colaboración con el director de la cinta, David Lynch: Lost Highway. En 1958 poco podía saber, a mis once años de edad, al ver a Bogart echarle whisky o tequila en la cara al niño que trataba de avisarle que acababa de ganarse la lotería, que el verdadero “hombre del misterio”, invento de la imaginación de un genio loco como el Dr. Mabuse, era el creador de los personajes.
    

 Unos años después de haber visto esa película comencé a leer los libros de Traven. Primero leí el Tesoro, claro está, y luego El barco de la muerte, Los pizcadores de algodón, El puente en la selva, Marcha a la montería, Gobierno, y el resto de la serie de narraciones sobre la selva. Leí sus cuentos del libro El visitante nocturno, así como una pequeña gema de bolsillo que encontré en un cesto de libros usados en Chicago, por el cual pagué cinco centavos, titulado Stories by the Man Nobody Knows (Cuentos de B. Traven). Éste fue el libro que me hizo preguntarme por qué… No me importaba tanto quién fuera B. Traven, sólo quería saber por qué no quería que lo supiera la gente.

     

El poeta simbolista francés Arthur Rimbaud dejó de escribir poesía a los diecinueve años, después de que su amante, un hombre casado, el poeta Paul Verlaine, le disparara en una muñeca en un hotel de Bruselas. Rimbaud se incorporó a la marina neerlandesa, de la cual desertó enseguida. Durante su vida posterior, relativamente breve —murió a los 37 años—, obsesionaba a Rimbaud que lo persiguieran las autoridades neerlandesas, decididas a prenderlo y meterlo en la cárcel. Quizá por eso huyó de Europa y de la vida literaria, y se estableció como comerciante de armas y traficante de esclavos para el rey Meneluk, de Abisinia, la tierra de los hombres “con cola” y la cara a rayas. Rimbaud se fue al sur unos cuatro años antes de que también se fuera el hombre llamado Traven. La diferencia es que Arthur dejó de publicar en ese momento, mientras que Traven comenzó entonces. Si Traven realmente era Ret Marut, fugitivo de Alemania, quizás tuviera el mismo temor, el de ser tomado preso y quedar en manos de las autoridades del Viejo Mundo.

¿Qué mejor solución que cambiar de nombre, de geografía, incluso de letra? (A mis ojos no especializados, las muestras que de su caligrafía proporcionó Traven a sus biógrafos Karl Guthke y Baumann inicialmente parecen masculinas —Marut— y después femeninas —Traven—. Las cartas de este último posiblemente fueran escritas por Irene Mermet, que visitó a Marut-Traven en México durante los primeros años que éste pasó allí. A principios del decenio de 1930, las cartas de Traven estaban escritas por completo en máquina y a veces apenas firmadas con una pequeña rúbrica, ilegible.)

     La pregunta insistente sobre B. Traven es quién escribió realmente esos libros. ¿Será que Marut —cuyo apelativo sin duda era un nome de plume de guerre— hizo amistad al llegar al estado mexicano de Tamaulipas con alguna persona que ya los había escrito o estaba escribiéndolos? No lo creo. Creo que El barco de la muerte (publicado en Alemania en 1926), igual que todos los demás libros de Traven, son obra del renegado en alemán y fueron mal traducidos al inglés por él mismo con la finalidad de hacer pensar al público que los había redactado un estadounidense. Bernard Smith, editor de la casa Alfred A. Knopf, que publicó El barco de la muerte, reconoció haber sometido esta novela a una profunda revisión para hacer aceptable su inglés. Marut-Feige-Rathenau-Wilhem, o quien fuera, a continuación procedió a sacar narraciones de su nueva tierra, que resultaron en la serie de libros sobre los jornaleros del campo y su explotación por los terratenientes productores de algodón, en los campos petroleros y la selva. Los pizcadores de algodón se llamaba originalmente Der Wobbly, en honor a la organización International Workers of the World, de breve duración, que dio origen al sobrenombre de wobblies, y el tema era del todo congruente con Marut. El hecho de que este escritor sazonara El barco de la muerte con detalles e insinuaciones antisemitas y después, en 1933, en cartas a su editor hiciera referencia a los “sucios judíos”, “ajudiados y semitizados por delante y por detrás”, “codiciosos, viscosos, apestosos [para salvar tu] almacén semita de departamentos”, etc., no me sorprende. Incluso un llamado anarquista radical como Marut, y no obstante su apoyo a Landauer, tenía, como alemán, profundamente cincelado el antisemitismo. No me parece que sea una incongruencia: creo que se trata de una enfermedad cultural, una enfermedad que predominaba tanto ayer como hoy. En su obra, B. Traven, por lo menos hasta 1940, cuando dejó de publicar, defendió los derechos de los fellahin, la clase baja, los “pobrecitos”, a la vez que les daba una imagen noble, con lo que se convirtió en una especie de forjador moderno de mitos, en congruencia con su celoso y egoísta idealismo intelectual. ¿Qué importa? Sabía narrar y eso es lo que cuenta. Por eso sus libros fueron best sellers en todo el mundo, pese al estilo desmañado, de sintaxis confusa, sin acabar, mal traducidos o mal escritos. B. Traven, quienquiera que fuera, como Joseph Conrad, que escribió en su cuarta lengua, creando así un estilo irrepetible, tenía algo importante que decir. No hurgaba llagas sin trascendencia, como hace la mayoría de los modernos escritores de hoy. Ésta es una razón por la cual sus libros vivirán mientras haya lectores.

En abril de 2004 me invitaron a comer una de las hijastras de Traven, Malú Montes de Oca de Heyman, y su esposo, Tim, banquero y escritor británico, a su casa de la ciudad de México. Había organizado el encuentro un editor de esta ciudad que conocía mi interés constante por la obra de Traven y sabía que, a principios de los años setenta, yo había estado en contacto con Rosa Elena Luján, la viuda de Traven (éste murió en 1969) y madre de Malú. De alguna manera conseguí la dirección de la viuda y le escribí porque había una novela de Traven que nunca había logrado encontrar, Trozas (The Logs), y quería saber si ella podría indicarme cómo encontrar un ejemplar. Rosa Elena generosamente me mandó un ejemplar, en alemán porque no se había publicado en inglés. Se lo dije a Malú, que me informó que su madre —viva aún pero muy enferma— obviamente se había dado cuenta de la sinceridad de mi interés y me mandaba la novela por su dedicación actual a la obra de su marido.

     También le dije a Malú que en 1978, estando en Mérida, Yucatán, había conocido al dueño de una librería que me había contado que él había ido a la escuela con ella y con su hermana Rosa Elena, y decía haber visto en varias ocasiones a su padrastro. Me describía el tercer piso de su casa, en las calles de Río Mississippi, donde estaba el estudio de Traven, que denominaban “El puente”, como el de un barco, y me contó que Traven, al que se dirigía como “señor Traven”, y no Croves, siempre había sido generoso con él, que era un escritor en ciernes. Malú me explicó que su padrastro utilizaba el nombre Hal Croves en público y para firmar sus guiones, con el propósito de separar esos trabajos de sus novelas. (Entre sus guiones están Macario y La rebelión de los colgados.)

     Malú me mostró las máquinas de escribir de Traven, de las cuales una Underwood portátil, manual, por supuesto, fue la que utilizaba en la selva de Chiapas, según me dijo. También me enseñó los sombreros del escritor, entre ellos un casco de safari en el que había encontrado cabello de Traven. “Si logro encontrar con qué compararlo —dijo Malú—, podría mandar hacer un análisis del ADN para saber quién era en realidad.” La verdad, reconoció, es que ni ella sabía el origen del hombre que consideró su padre desde los diez u once años. Ella y su hermana lo llamaban Skipper. “Tenía las manos más singulares que le haya visto a ningún hombre”, afirma.

     Malú y Tim fueron anfitriones amables y me invitaron a ver los libros de Traven, no sólo las diversas ediciones de sus novelas, sino su biblioteca personal, que fue lo que más me interesó. Había algunos libros en alemán, aunque casi todos en inglés, sobre todo la narrativa: Conrad, Conan Doyle, Wells. Había títulos de Mencken y libros sobre el oro y la minería, bibliografía que habrá consultado para escribir El tesoro de la Sierra Madre. A fines del decenio de 1970, mientras trabajaba de consultor editorial, recomendé la publicación del libro para niños de Traven La creación del sol y la luna, que efectivamente se publicó. Fue una decisión acertada y durante las gestiones conocí al principal editor de Traven en Estados Unidos, Lawrence Hill. Malú también había conocido a Hill, y le conté que, una vez que almorzaba con él en el Players Club de Nueva York, me había dicho que quizá ni el propio Traven supiese bien a bien quién era. Es decir, que el hombre llamado Traven, o Torvsan, o Croves, no tenía seguridad sobre sus orígenes, y que esto estaba muy relacionado con el oscurecimiento de su identidad. En su lecho de muerte fue cuando parece ser que le confesó a Rosa Elena, su esposa, que había sido, efectivamente, Ret Marut, y que ella podía hacerlo público. A mi juicio, le dije a Malú, Traven siempre supo quién era, quiénes eran sus padres, dónde había nacido. Durante tantos años, como Rimbaud cuando recurrió a la naval neerlandesa, lo abrumaría y acosaría un temor parecido, fundado o no; y cuando todo peligro real o imaginario hubo pasado, también pasó su capacidad o necesidad de transformarse.

     Pero una cosa me inquieta, el tardío intento de Traven de enriquecer su leyenda literaria escribiendo y publicando una novela final: Aslan Norval, en 1960, veinte años después de su última novela de la selva. Aslan Norval, que yo sepa, sólo se publicó en alemán, nunca en inglés. En 1960, Traven tendría cuando mucho 78 años (la fecha de su nacimiento sería 1882 o 1890), y según Rosa Elena Luján era un hombre vital, fuerte mental y físicamente casi hasta su muerte, nueve años después. Aslan Norval muestra el antiguo antisemitismo expresado por Ret Marut en su revista de Múnich en 1919 Der Ziegelbrenner, y por B. Traven en sus cartas a sus editores alemanes en 1933. Esta última novela es floja y, en consecuencia, ha pasado prácticamente inadvertida y no se tradujo. ¿Por qué la publicó? La razón es que Traven era un escritor y nunca dejó de escribir, aunque sólo fuera en su mente, sobre todo, y no podía cambiar. La verdad última es que B. Traven nunca pudo olvidar quién era. –

¿Quién fue B. Traven? 1

Es de lo poco seguro: B. Traven murió en ciudad de México el 26 de marzo de 1969, quizá a los ochenta y siete años, y sus cenizas, como había pedido, fueron esparcidas sobre el río Jataté en la selva de Chiapas. Con esa inicial y ese apellido firmó la mayoría de sus libros, de los que se llevan vendidos más de 35 millones de ejemplares en 36 lenguas. El más famoso -aunque gracias al cine- fue El tesoro de Sierra Madre. Se cuenta que era el novelista favorito de Einstein, y su historia, su enigma, su leyenda, no han sido puestos en claro de forma unívoca y definitiva, así que será lo último lo que acabará prevaleciendo. En tres obras relativamente recientes sobre su personalidad y su vida, cada autor llega a muy distintas conclusiones, si bien coinciden los tres en algunos datos, para que se acreciente la intriga. No puedo resumir aquí tantas pesquisas, pistas falsas, contradicciones y desmentidos, esforzadas deducciones y certezas negadas, tanta labor detectivesca. Pero para hacerse una idea de la capacidad esquiva de Traven, basta con enumerar los nombres que utilizó en la ficción o en la realidad: Arnolds, Baker, Hal Croves (con éste se hacía pasar por su propio agente cinematográfico), Traven Torsvan, Traves Torsvan, Berick Traven, Bruno Traven, Traven Torsvan Torsvan, Traven Torsvan Croves, B.T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige, Kraus Martínez, Fred Gaudet, Otto Wienecke, Lainger, Goetz Ohly, Anton Riderscheidt, Robert Bek-Gran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider y Heinrich Otto Becker, que se sepa. Más modesta es la lista de nacionalidades que dijo tener, a menudo con pasaporte: inglesa, americana, sueca, noruega, lituana, alemana y mexicana. No se quedó corto, en cambio, respecto a las profesiones que desempeñó o dijo desempeñar en algún momento: escritor, actor, director teatral, mecánico, ingeniero, librero, fotógrafo, agente teatral, profesor de drama, marino mercante, cocinero, explorador, guía, traductor, marinero, profesor de lenguas, granjero, frutero, tutor, panadero, empresario, soldado, cerrajero, periodista, revolucionario, anarquista bávaro, peón algodonero, científico, guionista, agente literario y psicólogo. Según las diferentes descripciones que de sí mismo hubo de aportar en documentos oficiales, su estatura fue de 1.71, 1.66, 1.65, 1.68 y 1.70. Sus ojos oscilaron tan sólo entre el gris, el azul y el azulgris, pero su pelo fue consignado como castaño, gris, negro, castaño oscuro, castaño claro, rubio, rojizo, blanco y cano. Se dijo que escribía en inglés, en español, en noruego, en sueco y en alemán (al parecer lo hacía en esta última lengua, al menos en primera redacción, aunque siempre negó ser alemán o austríaco). En vista de lo escurridizo que era, le fueron atribuidas las siguientes personalidades, ocultas tras su inicial y apellido públicos: el novelista Jack London, el cuentista Ambrose Bierce (quien, ya viejo, había cruzado la frontera con el México revolucionario y desparecido para siempre en 1913), un millonario americano, un negro fugitivo, Frans Blom, el profesor Frank Tannenbaum, un leproso, el Presidente Adolfo López Mateos, Esperanza López Mateos, August Bibelje, Jacob Torice, el Presidente Elías Calles, un editor alemán, Arthur Breisky, el capitán Bilbo, un grupo de litertatos hondureños (?), un grupo de guionistas izquierdistas de Hollywood, un hijo ilegítimo del Kaiser Guillermo II y el hijo ilegítimo de un albañil polaco.

Morante grita libertad

 Morante de la Puebla, cual profeta venido del sur, se convirtió ayer en el estandarte de una afición taurina catalana que se resiste, al grito de “¡libertad!” y “¡no a la prohibición!” a una muerte de la fiesta dictada y anunciada para el 1 de enero del 2012. Después de poner patas arriba la Monumental con una faena que le valió dos orejas, la afición explotó de alegría pero también de rabia e improvisó una marcha, encabezada por una gran senyera, que llevó a hombros a Morante desde la Monumental hasta su hotel de diseño cuatro estrellas sito junto al Fòrum.

 

El torero, elevado como una Virgen rociera por unas mil personas, se convirtió en el estandarte de unos aficionados que recorrieron por el centro de la calzada las calles Marina y Diagonal hasta el Fòrum. Una suerte de procesión pagana que se inició dentro de la plaza durante la tradicional vuelta al ruedo y que, poco a poco, fue tomando cuerpo en pleno centro de la calle Marina, con los gritos de apoyo de los aficionados. Una explosión popular que cogió por sorpresa a mossos y urbanos.

 Desbordados y atónitos, no supieron cómo actuar y se convirtieron (sin quererlo) en escoltas oficiales de una multitud eufórica que elevó hasta el cielo barcelonés a un joven sevillano vestido de traje de luces. Morante, emocionado, mostraba su montera para responder a los vítores. Su rostro, habitualmente serio, lucía una media sonrisa cargada de picardía. Era consciente de que estaba protagonizando una página de la historia de la tauromaquia en Catalunya, quizá la última gran página… Si en el lejano 21 de julio de 1912, cuando una muchedumbre llevó a Belmonte a hombros hasta su casa de Sevilla tras su debut en la Real Maestranza y lo consagró como dios del toreo, ayer fue la afición catalana la que rindió su particular homenaje a Morante. De la Monumental a su hotel sin pisar la calzada.

 Una manifestación que tuvo mucho de fiesta pero también de reivindicación política. Un grito de rabia de una minoría que se resiste a que la conviertan en pasado. “¡Catalunya es taurina!”, “¡Libertad, libertad!”, “¡Catalunya es plural!”, “¡No a la prohibición!”, “¡Viva Morante!”, “¡No nos callarán!”, “¿Dónde está Montilla?” fueron algunos de los gritos lanzados por los aficionados en una marcha que duró una hora y que no registró incidente alguno.

Fue un colofón festivo y reivindicativo a una tarde de toros que empezó crispada cuando, antes de la corrida, protaurinos y antitaurinos se enzarzaron en un cruce de reproches e insultos; aunque la rápida intervención policial evitó que fuera a más y que unos y otros, detractores y defensores de la fiesta, pudieran llegar a las manos.

 Iñaki Ellakuría-La Vanguardia 26-9-2010

VIC 2010, escenas de una ciudad con un 27% de inmigración

VIC 2010, retrato de una ciudad con un 27% de inmigración

Iñaki Ellakuría-LA VANGUARDIA

Lucen velo, tejanos ajustados y mochila al hombro. Apenas superan los doce años, pero ya tienen sueños de adolescente. Llevan 20 minutos frente al escaparate de una zapatería en el centro de Vic. Ríen, cuchichean, hablan en árabe, gesticulan y no pueden apartar su mirada de unas botas de cuero negras y largas como una noche de invierno. 100 euros, demasiado caras, demasiado sexis para unas simples escolares… ¡Qué más da! Se las ve felices, ajenas a todo lo que les rodea: a las bocinas de los coches, al hombre de traje marrón que riñe con su pareja por el móvil, a la polémica en torno a la decisión del Ayuntamiento de no empadronar a los inmigrantes ilegales… Frente al escaparate, su mundo es otro. Hasta que dos periodistas forasteros rompen ese momento mágico, fraternal, con extrañas preguntas. ¿Que si nos sentimos a gusto en esta ciudad? Claro, llegué aquí cuando tenía un mes, esta es mi tierra, tengo amigos en la escuela, en mi barrio, y nunca nadie me ha dicho nada por ser musulmana”, afirma una de ellas con orgullo y en un perfecto catalán. La otra, mientras, calla y sonríe con timidez. Todavía desconoce el idioma. Hace sólo un año que se trasladó con su familia desde la localidad marroquí de Nador. “Yo le hago de guía, le explico la ciudad, hacemos los deberes juntas, nos los pasamos muy bien”, afirma antes de coger la mano a su compañera y desaparecer poco a poco por una larga avenida.

Foto: Pedro Madueño

DÍA DE MERCADO
Sinfonía de lenguas y etnias

Plaza Major de Vic. Día de mercado. Las gélidas temperaturas parecen no hacer mella en el centenar de mujeres que han acudido puntuales a esta cita semanal.Muchas son musulmanas: llevan velo y humildes vestidos, largos hasta los tobillos, que logran disimular sus figuras. También asiáticas, afroamericanas y señoras de Vic “de tota la vida”. Se entremezclan frases en francés, árabe, catalán, chino, polaco, castellano… creando una sinfonía de lenguas entre paradas de hortalizas, frutas y ropa de ocasión. Es uno de los retratos de esta ciudad de más de 40.000 habitantes que en la última década ha visto cómo su tejido social ha mutado a velocidad sideral: en el año 2000 contaba con una población de 32.781 personas, de las que 2.880 habían llegado del extranjero. Hoy alcanza los 40.690 ciudadanos, de los que 10.494 son inmigrantes.

Una capital de comarca, con un sustrato católico y catalanista, que vive la contradicción de ser un modelo de acogida –con su plan de integración en las escuelas, mediadoras sociales, rehabilitación de barrios– y, al mismo tiempo, cuna de la xenófoba Plataforma x Catalunya, segunda fuerza en el Consistorio con cuatro concejales liderados por Josep Anglada.

¿Conflicto social? ¿Racismo? “Vic es una ciudad muy tranquila, apenas existen problemas graves, pero todo el mundo debe entender que tiene derechos y deberes”, explica una vendedora de hortalizas. A su lado, un joven y fornido subsahariano le ayuda cargando cajas. “Somos un equipo”, afirma ella. Metros más allá, un niño magrebí sigue a su madre con cara de aburrimiento y agarrando con fuerza un balón con los colores del Barça. Pasan sin inmutarse junto a un corrillo que debate la medida del Ayuntamiento. Las opiniones, con matices, son favorables a la iniciativa del alcalde: “Es algo que se debería haber hecho hace tiempo, ahora las cosas están mucho más tranquilas que hace cuatro años”, sostiene Maria. “Es necesario poner un poco de control, hay zonas muy conflictivas, vayan a visitar el barrio del Remei”, exclama Antonia, una mujer nacida en Jaén que llegó a este rincón de Catalunya hace 30 años buscando un mejor porvenir. “Visiten los centros médicos, están colapsados”, sugiere Maria Rosa a los dos periodistas forasteros, y asegura que todas las ayudas sociales “se las quedan los inmigrantes”. Ninguna de ellas se proclama votante de Anglada.

Foto: Pedro Madueño

EL BARRIO DEL REMEI
La sombra de un estigma

Una fina lluvia baña el barrio del Remei, como tratando de borrar el estigma de conflictividad que le acompaña desde hace décadas. Una leyenda negra que se desmonta ante los ojos de los dos periodistas forasteros, tras días recorriendo sus calles. Ni rastro de delincuencia, de prostitución callejera, de menudeo, de violencia, de marginalidad… El paisaje es otro: calles amplias, limpias y tranquilas – envidia demuchos barrios periféricos de Barcelona–; ancianas que pasean con el monedero en la mano, niños de diversas etnias que juegan a la salida del colegio del Sagrat Cor, peluquerías africanas, charcuterías tradicionales, modernas farmacias… También, mujeres subsaharianas hablando a gritos de balcón a balcón o grupos de jóvenes negros, vestidos con anchas prendas de ropa deportiva, paseando sin rumbo a la espera de que su destino cambie y que “vuelva el trabajo”.

Escenas de un barrio popular, de gente trabajadora que ve con temor la actual crisis económica, pero que pasó sus peores momentos hace cuatro años, cuando la llegada de inmigrantes se disparó. En los últimos meses muchos han abandonado el Remei para probar fortuna en Francia, Bélgica… Y los que se han quedado, generalmente ya han echado raíces en Vic.

Una mezcla de culturas, creencias y colores que comporta problemas de relación. Gregori, jubilado de la industria cárnica, explica, entre sorprendido y alarmado, como uno de sus vecinos nigerianos montaba cada domingo en el portal de la escalera una misa a la que acudían más de sesenta personas, con sus guitarras y canciones. “Este barrio estaba dejado de la mano de Dios”, suspira. Pepa, 35 años en el Remei, lamenta que en su bloque vivan ocho africanos en un apartamento.

Pisos patera, retraso en el pago de los gastos de la comunidad, ruidos, fiestas nocturnas, olores especiales… Pequeños choques de civilizaciones en el rellano que suelen encontrar solución gracias a la labor mediadora de personas como Assumpta Ordeig, de la Associació de Veïns del Remei. “La inseguridad aquí no es superior a otras zonas, pero faltan espacios de diálogo entre los vecinos y las instituciones para solucionar los problemas, de lo contrario podemos acercarnos al modelo francés”, avisa.

Otra de las personas que llevan años trabajando por el Remei, y cuya voz es respetada por todos, es el padre Lluís, franciscano que conoce palmo a palmo el barrio y que ha convertido a su parroquia en motor de convivencia en integración: la comunidad ghanesa y la nigeriana celebran sus eucaristías evangelistas, se dan cursos gratuitos de catalán, castellano, lecciones de música, reuniones de alcohólicos anónimos y los fines de semana reparten comida a los más necesitados. Hombre afable, y con una mirada profunda que esconde detrás de unas gruesas gafas de pasta, ve lógica en la decisión del Consistorio. “Hay que regular la situación de los inmigrantes, siempre y cuando se respete los derechos humanos”, asegura. Una opinión parecida a la de Ahmed, dueño de una modesta carnicería y con dos hijos nacidos en Vic: “Si cada vez viene más gente sin control, puede haber conflictos”.

Foto: Pedro Madueño

CENTRO MÉDICO VIC SUR
Inversión con resultado

No hay colapso; ni largas colas de espera, ni personas tiradas en los pasillos, ni escenas de nerviosismo en el centro de atención médica Vic Sud, situado en el barrio del Remei. De nuevo la realidad desmonta la leyenda, alimentada con fines electorales por los extremistas. En la recepción, donde hay un cartel que explica en cuatro idiomas –catalán, castellano, inglés y árabe– las normas del centro, los dos periodistas forasteros hallan silencio y un orden sorprendente.

Cuatro personas esperan en fila india su turno; en la sala de espera de urgencias, dos mujeres subsaharianas y tres parejas de ancianos aguardan en una amplia sala. En la zona de pediatría, un joven matrimonio magrebí mima con besos y caricias a su hijo de escasos meses. ¿Y el colapso? “En los últimos 13 años hemos modificado las plantillas, pasando de 7 a 13 médicos de cabecera; aquí se atiende a todo el mundo y en un tiempo razonable”, explica Marta Serrarols, directora asistencial del área básica.

El esfuerzo para poder dar respuesta a las nuevas demandas que se les plantea con la inmigración es diario: ofrecen talleres sanitarios para jóvenes inmigrantes venidas de zonas rurales del Magreb o el África negra, realizan visitas a las familias recién llegadas y cuentan con programas especiales de traducción. La encargada de esta misión mediadora es Anissa Lamzabi Bou, de padre marroquí y madre catalana, que vive en Vic desde hace 28 años. Lamzabi también controla las altas de la tarjeta sanitaria y ofrece un dato significativo: “Hace seis meses teníamos 30 altas semanales, ahora no pasan de una o dos”. La crisis.

Se las conoce popularmente como las Casas Baratas o el Bronx de Vic. Son tres manzanas de edificios en mal estado que el sindicato vertical construyó en los años sesenta para albergar a los obreros del pantano de Sau. Hoy quedan pocos de esos primeros inquilinos. Con el tiempo, han sido reemplazados por subsaharianos y magrebíes. Pese a la degradación de los pisos, la zona no es especialmente conflictiva. El referente del barrio es la escuela de adultos Montseny, que dirige con tesón Carme Moyano y que ofrece cursos de informática, graduado escolar, idiomas. La educación como antídoto contra la marginalidad. Moyano lamenta los últimos episodios vividos en Vic: “Aquí existe un sustrato tradicionalista e independentista que hace que se mire al de fuera con recelo, el Ayuntamiento se ha pasado”.

En las escaleras del centro, dos jóvenes de 16 años, Farah Chokri, de Tetuán, y Raquel Jordán, nacida en Vic, hablan antes de entrar en clases. “Somos buenas amigas”. Se dejan fotografiar por los dos periodistas forasteros: sus rostros, su limpia mirada, destruyen el discurso xenófobo. Las aulas como punto de encuentro. La educación como antídoto para la intolerancia. “La escuela ha sido uno de los puntales en este proceso, con su aulas de acogida y su reparto equitativo de inmigrantes entre centros, pero ahora para que todo esto siga siendo sostenible es necesario que se controle la inmigración ilegal”, apunta Ramon Mas, profesor en la comarca de Osona desde hace 40 años.

MATADERO MULTICULTURAL
El peso de la industria cárnica

La cadena con piezas de cerdo avanza a un ritmo infernal. Mujeres chinas cortan con habilidad las piezas más exquisitas, mientras que detrás de ellas cuatro subsaharianos mueven sin descanso pesadas cajas con carne. Actúan como un equipo conjuntado en el que cada jugador sabe lo que tiene que hacer. Los dos periodistas forasteros pasean por las instalaciones del matadero del Grupo Baucells, que emplea a más de 250 personas, de las que casi un 80% son extranjeras. “La industria cárnica depende de los inmigrantes, si se fueran tendríamos que cerrar”, sostiene Jaume Piñol, presidente de la cooperativa de mataderos Esfosa. Una empresa que es un microcosmos de ese Vic que trata de adaptarse, con sus errores y aciertos, a los cambios e incertidumbres del siglo XXI

Foto: Pedro Madueño

Entrevista a Noa

“EL PUEBLO DE ISRAEL Y PALESTINA DEBEN RECONOCER SU DOLOR MÚTUO Y LUEGO PERDONAR”

Iñaki Ellakuría-LA VANGUARDIA

La cultura molesta a los intolerantes, temerosos siempre al diálogo y a descubrir en sus convicciones “incómodos” matices. Un virus que se extiende y cuyos perniciosos efectos sufrió Noa en primera persona el pasado 11 de septiembre en Barcelona: durante su actuación en los festejos oficiales de la Diada una veintena de personas, portando pancartas a favor de Palestina, la increpó y silbó con vehemencia. Pese a esa desagradable experiencia, la cantante Israelí ha decidido volver a Catalunya y ofrecer dos conciertos (San Cugat y Viladecans) que ponen colofón a su gira internacional de “Genes and Jeans”. Pero antes ha hablado para La Vanguardia: “Sólo el diálogo, el reconocimiento del dolor mutuo del pueblo israelí y palestino, puede acabar con el conflicto”, afirma.

 ¿Qué sintió esa mañana en el parque de la Ciutadella?

 Tristeza, desazón, rabia… No entendía porque me miraban así,  con esa cara de odio.  No comprendía que me asociaran con los extremistas, cuando yo siempre he defendido de forma clara y rotunda el diálogo. Ver en algunos de los carteles de los manifestantes mi foto junto al cuerpo de un niño palestino muerto fue la peor ofensa, como persona, como madre… Los que me insultaban no ayudan a Palestina.  

 Una postura a favor de la paz que ha quedado patente en sus declaraciones públicas, en su página web, en su estrecha colaboración con Casa Sefarad…

 ¿Todos aquellos gritos fueron por mis críticas a Hamas?  Mi rechazo a esta organización terrorista que tanto dolor inflinge a al pueblo israelí con sus atentados fue manipulado e interpretado erróneamente como un ataque a Palestina. Nada más lejos de la realidad. Siempre me he distanciado de los radicales de mi país. Lo bueno para el pueblo de Israel es bueno para el pueblo de Palestina. Ambos queremos la paz.

 Meses después del boicot vuelve a Catalunya. ¿Está inquieta?

 Sé que algunas organizaciones están preparando más protestas. No me importa, después de la Diada mucha gente de Catalunya se puso en contacto conmigo para expresar su vergüenza por lo ocurrido y dejar claro que fue una minoría y que el pueblo catalán destaca por su tolerancia. En mi retorno también influye mi relación especial con Catalunya desde que en 1995, cuando mi carrera musical echaba a andar, tuve una gran acogida del público.  

 Usted habla de diálogo, de entendimiento, pero la situación política parece que va en la dirección contraria y que el Gobierno de Netanyahu desoye a las Naciones Unidas.

 Los políticos en Israel y Palestina son un desastre. Unos irresponsable que no entienden que el primer paso para la paz es que todos, israelís y palestino, reconozcamos y compartamos el dolor y el drama humano que han sufrido y sufren los dos pueblos. Siempre he creído que es mejor decir y hablar de lo que apoyas y crees, no tanto de lo que odias.  Después de este paso deberemos saber perdonar. Sólo así puede haber construiremos un futuro en el que la paz deje de ser una utopía.

 

¿No confía en el Gobierno de Netanyahu?

Sería un grave error que dejaran desaprovechar la actual coyuntura y la presencia de Barack Obamama en la Casa Blanca. Es un momento clave para encontrar una solución dialogada, pero lamentable no hay liderazgo político ni en Israel ni en los países árabes. Por eso me gustaría ver como la gente se manifiesta en Istael y Palestina exigiendo diálogo y que sus dirigentes actúen.  Se lo digo sinceramente, me encantaría ver como el pueblo palestino arrincona a los extremistas, rechaza a Hamas y da todo su apoyo a Mahmud Habas. Me gustaría ver como elige a un interlocutor valido, a una persona que apueste por el diálogo. Asimismo, pido al Gobierno Israelí que escuche a los deseos de su pueblo israelí y empiece a actuar para recuperar el diálogo con Palestina.    

 ¿Obama ha abierto una ventana para la esperanza? En su país hay quien considera que es excesivamente crítico con Israel.

 Su irrupción ha sido un soplo de aire fresco. Yo, como madre, quiero que mis hijos vivan en un mundo mejor y Obama, hoy por hoy, apuesta por unas políticas y unos valores que nos pueden conducir a ello. Israel y Palestina no pueden dejar escapar esta oportunidad. Lamentablemente, en Oriente Medio vivimos instalados en una espiral de violencia que, en parte, fomentan los medios de comunicación. Alimentar el miedo, el conflicto, crear una atmósfera de inseguridad es bueno para los negocios de mucha gente, pero no pero para las personas de a pie.

 La cultura, el arte, son uno de los mejores antídotos contra la barbarie. ¿Qué les espera a los que asistan a sus dos conciertos catalanes?

Es una mirada retrospectiva, un viaje musical a las tres culturas, israelí, yemení y norteamericana, de las que bebo desde pequeña. Es una mirada al pasado, pero también  al futuro, una apuesta por la fusión y la mezcla como metáfora del mundo en que vivimos. Serán dos conciertos muy especiales para mí, ya que en febrero alumbraré mi tercer hijo y quiero tomarme una pausa en mi carrera.    

 

Chamaco: El torero que revolucionó Barcelona

EL TORERO QUE REVOLUCIONÓ BARCELONA

Paco March-La Vanguardia

A los 74 años de edad, ha fallecido en su Huelva natal, el que fuera matador de toros Antonio Borrero Chamaco , quien durante la década de los años cincuenta del pasado siglo fue auténtico ídolo de masas en Barcelona, más allá de los ambientes estrictamente taurinos. De origen humilde, Chamaco, enjuto y cetrino, debuta en Huelva como novillero sin caballos en 1953 y el 7 de marzo de 1954 se presenta en la plaza Monumental catalana en el que sería el primer acto del “fenómeno Chamaco”. El empresario, Pedro Balañá, le prometió pagarle los gastos y una repetición si gustaba: toreó veinticuatro tardes ese año en Barcelona, cortando 33 orejas, siete rabos y tres patas.

El “chamaquismo” se convierte a partir de ese momento en un fenómeno popular al que se suma la rivalidad con el torero de Santa Coloma de Gramenet Joaquín Bernadó, de concepto estilístico opuesto a las heterodoxas formas del onubense.

ESPAÑA-TOROS-FALLECIMIENTO

Con un toreo basado en la quietud, una cintura de enorme flexibilidad, reflejos asombrosos y pisando terrenos de inverosímil proximidad a los pitones, Chamaco, con su acusada personalidad, llena los tendidos y desata las pasiones en una sociedad necesitada de ídolos y que, en lo taurino, vivía huérfana de ellos desde la muerte de Manolete.

El 7 de octubre de 1957, Chamaco toma la alternativa en Barcelona de manos de Miguel Báez Litri , con Antonio Ordóñez de testigo, estoqueando el toro Larguirucho de la ganadería de Urquijo. Su presentación en Madrid un año después no se ve acompañada por el éxito, lo que hace que parte de la afición y la crítica lo consideren más un fenómeno local que una auténtica figura, pese a que suma ochenta festejos, dieciocho de ellos en Barcelona.

El 12 de octubre de 1961, tras torear en la Monumental, anuncia su retirada pero vuelve a los ruedos en 1963. Son años de pocos contratos y menor reconocimiento que tienen un punto final el 14 de septiembre de 1967 con la Monumental como testigo.
Pero Chamaco ha sido mucho más, que lo que las estadísticas y los análisis de su trayectoria taurina puedan mostrar.

Entre 1954 y 1960, sólo Chamaco podía discutir el cariño popular de la ciudad de Barcelona con el otro gran ídolo, el futbolista Ladislao Kubala. Se hizo célebre la pizarra que, a mitad de la corrida del domingo, anunciaba a Chamaco y dos más para el jueves, agotándose la entradas.

Torero tremendista se le llamó, quizás con cierto aire de descalificación, pero lo cierto es que Antonio Borrero supo cautivar no sólo a los aficionados sino también ser recibido en los salones de la alta sociedad de la época que, con una mezcla de admiración y gusto por lo exótico lo convirtieron en asiduo de sus fiestas, rompiendo así barreras y llevando su “revolución” más allá de los ruedos.

Varias son las anécdotas que evidencian el grado de comunión entre el torero y la ciudad. Como consecuencia lógica de su forma de interpretar el toreo, Chamaco sufrió varias cogidas graves y con ocasión de una de ellas, que le impedía torear en la fecha anunciada en Barcelona, el astuto patriarca Balañá le sustituyó por un desconocido Camacho, lo que confundió al gentío que, sin reparar en ello, casi llenó los tendidos.

Fueron años de gloria del toreo en nuestra ciudad, en la que incluso funcionaba la escuela taurina del torero eibarrés Pedrucho, afincado aquí, por la que pasaron toreros catalanes como los hoy empresarios Espinosa y Patón, Enrique Molina y tantos otros. Años de efervescencia, con las calles invadidas por la muchedumbre que, después de las tardes de toros, portaban en hombros a su ídolo Chamaco, casi convertido en paso de Semana Santa, desde las Arenas o la Monumental hasta el hotel Comercio de la calle Escudellers donde se alojaba el torero.

Hablar de la Barcelona taurina es hablar de Chamaco, como lo atestiguan las 178 tardes en que, durante doce años, toreó en sus plazas, 15 en Las Arenas y 163 en la Monumental. Una historia, la de Barcelona y Chamaco, que en estos momentos de incertidumbre por el futuro de las corridas de toros en Catalunya conviene tener muy presente.
Gracias, torero.