VIC 2010, escenas de una ciudad con un 27% de inmigración

VIC 2010, retrato de una ciudad con un 27% de inmigración

Iñaki Ellakuría-LA VANGUARDIA

Lucen velo, tejanos ajustados y mochila al hombro. Apenas superan los doce años, pero ya tienen sueños de adolescente. Llevan 20 minutos frente al escaparate de una zapatería en el centro de Vic. Ríen, cuchichean, hablan en árabe, gesticulan y no pueden apartar su mirada de unas botas de cuero negras y largas como una noche de invierno. 100 euros, demasiado caras, demasiado sexis para unas simples escolares… ¡Qué más da! Se las ve felices, ajenas a todo lo que les rodea: a las bocinas de los coches, al hombre de traje marrón que riñe con su pareja por el móvil, a la polémica en torno a la decisión del Ayuntamiento de no empadronar a los inmigrantes ilegales… Frente al escaparate, su mundo es otro. Hasta que dos periodistas forasteros rompen ese momento mágico, fraternal, con extrañas preguntas. ¿Que si nos sentimos a gusto en esta ciudad? Claro, llegué aquí cuando tenía un mes, esta es mi tierra, tengo amigos en la escuela, en mi barrio, y nunca nadie me ha dicho nada por ser musulmana”, afirma una de ellas con orgullo y en un perfecto catalán. La otra, mientras, calla y sonríe con timidez. Todavía desconoce el idioma. Hace sólo un año que se trasladó con su familia desde la localidad marroquí de Nador. “Yo le hago de guía, le explico la ciudad, hacemos los deberes juntas, nos los pasamos muy bien”, afirma antes de coger la mano a su compañera y desaparecer poco a poco por una larga avenida.

Foto: Pedro Madueño

DÍA DE MERCADO
Sinfonía de lenguas y etnias

Plaza Major de Vic. Día de mercado. Las gélidas temperaturas parecen no hacer mella en el centenar de mujeres que han acudido puntuales a esta cita semanal.Muchas son musulmanas: llevan velo y humildes vestidos, largos hasta los tobillos, que logran disimular sus figuras. También asiáticas, afroamericanas y señoras de Vic “de tota la vida”. Se entremezclan frases en francés, árabe, catalán, chino, polaco, castellano… creando una sinfonía de lenguas entre paradas de hortalizas, frutas y ropa de ocasión. Es uno de los retratos de esta ciudad de más de 40.000 habitantes que en la última década ha visto cómo su tejido social ha mutado a velocidad sideral: en el año 2000 contaba con una población de 32.781 personas, de las que 2.880 habían llegado del extranjero. Hoy alcanza los 40.690 ciudadanos, de los que 10.494 son inmigrantes.

Una capital de comarca, con un sustrato católico y catalanista, que vive la contradicción de ser un modelo de acogida –con su plan de integración en las escuelas, mediadoras sociales, rehabilitación de barrios– y, al mismo tiempo, cuna de la xenófoba Plataforma x Catalunya, segunda fuerza en el Consistorio con cuatro concejales liderados por Josep Anglada.

¿Conflicto social? ¿Racismo? “Vic es una ciudad muy tranquila, apenas existen problemas graves, pero todo el mundo debe entender que tiene derechos y deberes”, explica una vendedora de hortalizas. A su lado, un joven y fornido subsahariano le ayuda cargando cajas. “Somos un equipo”, afirma ella. Metros más allá, un niño magrebí sigue a su madre con cara de aburrimiento y agarrando con fuerza un balón con los colores del Barça. Pasan sin inmutarse junto a un corrillo que debate la medida del Ayuntamiento. Las opiniones, con matices, son favorables a la iniciativa del alcalde: “Es algo que se debería haber hecho hace tiempo, ahora las cosas están mucho más tranquilas que hace cuatro años”, sostiene Maria. “Es necesario poner un poco de control, hay zonas muy conflictivas, vayan a visitar el barrio del Remei”, exclama Antonia, una mujer nacida en Jaén que llegó a este rincón de Catalunya hace 30 años buscando un mejor porvenir. “Visiten los centros médicos, están colapsados”, sugiere Maria Rosa a los dos periodistas forasteros, y asegura que todas las ayudas sociales “se las quedan los inmigrantes”. Ninguna de ellas se proclama votante de Anglada.

Foto: Pedro Madueño

EL BARRIO DEL REMEI
La sombra de un estigma

Una fina lluvia baña el barrio del Remei, como tratando de borrar el estigma de conflictividad que le acompaña desde hace décadas. Una leyenda negra que se desmonta ante los ojos de los dos periodistas forasteros, tras días recorriendo sus calles. Ni rastro de delincuencia, de prostitución callejera, de menudeo, de violencia, de marginalidad… El paisaje es otro: calles amplias, limpias y tranquilas – envidia demuchos barrios periféricos de Barcelona–; ancianas que pasean con el monedero en la mano, niños de diversas etnias que juegan a la salida del colegio del Sagrat Cor, peluquerías africanas, charcuterías tradicionales, modernas farmacias… También, mujeres subsaharianas hablando a gritos de balcón a balcón o grupos de jóvenes negros, vestidos con anchas prendas de ropa deportiva, paseando sin rumbo a la espera de que su destino cambie y que “vuelva el trabajo”.

Escenas de un barrio popular, de gente trabajadora que ve con temor la actual crisis económica, pero que pasó sus peores momentos hace cuatro años, cuando la llegada de inmigrantes se disparó. En los últimos meses muchos han abandonado el Remei para probar fortuna en Francia, Bélgica… Y los que se han quedado, generalmente ya han echado raíces en Vic.

Una mezcla de culturas, creencias y colores que comporta problemas de relación. Gregori, jubilado de la industria cárnica, explica, entre sorprendido y alarmado, como uno de sus vecinos nigerianos montaba cada domingo en el portal de la escalera una misa a la que acudían más de sesenta personas, con sus guitarras y canciones. “Este barrio estaba dejado de la mano de Dios”, suspira. Pepa, 35 años en el Remei, lamenta que en su bloque vivan ocho africanos en un apartamento.

Pisos patera, retraso en el pago de los gastos de la comunidad, ruidos, fiestas nocturnas, olores especiales… Pequeños choques de civilizaciones en el rellano que suelen encontrar solución gracias a la labor mediadora de personas como Assumpta Ordeig, de la Associació de Veïns del Remei. “La inseguridad aquí no es superior a otras zonas, pero faltan espacios de diálogo entre los vecinos y las instituciones para solucionar los problemas, de lo contrario podemos acercarnos al modelo francés”, avisa.

Otra de las personas que llevan años trabajando por el Remei, y cuya voz es respetada por todos, es el padre Lluís, franciscano que conoce palmo a palmo el barrio y que ha convertido a su parroquia en motor de convivencia en integración: la comunidad ghanesa y la nigeriana celebran sus eucaristías evangelistas, se dan cursos gratuitos de catalán, castellano, lecciones de música, reuniones de alcohólicos anónimos y los fines de semana reparten comida a los más necesitados. Hombre afable, y con una mirada profunda que esconde detrás de unas gruesas gafas de pasta, ve lógica en la decisión del Consistorio. “Hay que regular la situación de los inmigrantes, siempre y cuando se respete los derechos humanos”, asegura. Una opinión parecida a la de Ahmed, dueño de una modesta carnicería y con dos hijos nacidos en Vic: “Si cada vez viene más gente sin control, puede haber conflictos”.

Foto: Pedro Madueño

CENTRO MÉDICO VIC SUR
Inversión con resultado

No hay colapso; ni largas colas de espera, ni personas tiradas en los pasillos, ni escenas de nerviosismo en el centro de atención médica Vic Sud, situado en el barrio del Remei. De nuevo la realidad desmonta la leyenda, alimentada con fines electorales por los extremistas. En la recepción, donde hay un cartel que explica en cuatro idiomas –catalán, castellano, inglés y árabe– las normas del centro, los dos periodistas forasteros hallan silencio y un orden sorprendente.

Cuatro personas esperan en fila india su turno; en la sala de espera de urgencias, dos mujeres subsaharianas y tres parejas de ancianos aguardan en una amplia sala. En la zona de pediatría, un joven matrimonio magrebí mima con besos y caricias a su hijo de escasos meses. ¿Y el colapso? “En los últimos 13 años hemos modificado las plantillas, pasando de 7 a 13 médicos de cabecera; aquí se atiende a todo el mundo y en un tiempo razonable”, explica Marta Serrarols, directora asistencial del área básica.

El esfuerzo para poder dar respuesta a las nuevas demandas que se les plantea con la inmigración es diario: ofrecen talleres sanitarios para jóvenes inmigrantes venidas de zonas rurales del Magreb o el África negra, realizan visitas a las familias recién llegadas y cuentan con programas especiales de traducción. La encargada de esta misión mediadora es Anissa Lamzabi Bou, de padre marroquí y madre catalana, que vive en Vic desde hace 28 años. Lamzabi también controla las altas de la tarjeta sanitaria y ofrece un dato significativo: “Hace seis meses teníamos 30 altas semanales, ahora no pasan de una o dos”. La crisis.

Se las conoce popularmente como las Casas Baratas o el Bronx de Vic. Son tres manzanas de edificios en mal estado que el sindicato vertical construyó en los años sesenta para albergar a los obreros del pantano de Sau. Hoy quedan pocos de esos primeros inquilinos. Con el tiempo, han sido reemplazados por subsaharianos y magrebíes. Pese a la degradación de los pisos, la zona no es especialmente conflictiva. El referente del barrio es la escuela de adultos Montseny, que dirige con tesón Carme Moyano y que ofrece cursos de informática, graduado escolar, idiomas. La educación como antídoto contra la marginalidad. Moyano lamenta los últimos episodios vividos en Vic: “Aquí existe un sustrato tradicionalista e independentista que hace que se mire al de fuera con recelo, el Ayuntamiento se ha pasado”.

En las escaleras del centro, dos jóvenes de 16 años, Farah Chokri, de Tetuán, y Raquel Jordán, nacida en Vic, hablan antes de entrar en clases. “Somos buenas amigas”. Se dejan fotografiar por los dos periodistas forasteros: sus rostros, su limpia mirada, destruyen el discurso xenófobo. Las aulas como punto de encuentro. La educación como antídoto para la intolerancia. “La escuela ha sido uno de los puntales en este proceso, con su aulas de acogida y su reparto equitativo de inmigrantes entre centros, pero ahora para que todo esto siga siendo sostenible es necesario que se controle la inmigración ilegal”, apunta Ramon Mas, profesor en la comarca de Osona desde hace 40 años.

MATADERO MULTICULTURAL
El peso de la industria cárnica

La cadena con piezas de cerdo avanza a un ritmo infernal. Mujeres chinas cortan con habilidad las piezas más exquisitas, mientras que detrás de ellas cuatro subsaharianos mueven sin descanso pesadas cajas con carne. Actúan como un equipo conjuntado en el que cada jugador sabe lo que tiene que hacer. Los dos periodistas forasteros pasean por las instalaciones del matadero del Grupo Baucells, que emplea a más de 250 personas, de las que casi un 80% son extranjeras. “La industria cárnica depende de los inmigrantes, si se fueran tendríamos que cerrar”, sostiene Jaume Piñol, presidente de la cooperativa de mataderos Esfosa. Una empresa que es un microcosmos de ese Vic que trata de adaptarse, con sus errores y aciertos, a los cambios e incertidumbres del siglo XXI

Foto: Pedro Madueño

Entrevista a Noa

“EL PUEBLO DE ISRAEL Y PALESTINA DEBEN RECONOCER SU DOLOR MÚTUO Y LUEGO PERDONAR”

Iñaki Ellakuría-LA VANGUARDIA

La cultura molesta a los intolerantes, temerosos siempre al diálogo y a descubrir en sus convicciones “incómodos” matices. Un virus que se extiende y cuyos perniciosos efectos sufrió Noa en primera persona el pasado 11 de septiembre en Barcelona: durante su actuación en los festejos oficiales de la Diada una veintena de personas, portando pancartas a favor de Palestina, la increpó y silbó con vehemencia. Pese a esa desagradable experiencia, la cantante Israelí ha decidido volver a Catalunya y ofrecer dos conciertos (San Cugat y Viladecans) que ponen colofón a su gira internacional de “Genes and Jeans”. Pero antes ha hablado para La Vanguardia: “Sólo el diálogo, el reconocimiento del dolor mutuo del pueblo israelí y palestino, puede acabar con el conflicto”, afirma.

 ¿Qué sintió esa mañana en el parque de la Ciutadella?

 Tristeza, desazón, rabia… No entendía porque me miraban así,  con esa cara de odio.  No comprendía que me asociaran con los extremistas, cuando yo siempre he defendido de forma clara y rotunda el diálogo. Ver en algunos de los carteles de los manifestantes mi foto junto al cuerpo de un niño palestino muerto fue la peor ofensa, como persona, como madre… Los que me insultaban no ayudan a Palestina.  

 Una postura a favor de la paz que ha quedado patente en sus declaraciones públicas, en su página web, en su estrecha colaboración con Casa Sefarad…

 ¿Todos aquellos gritos fueron por mis críticas a Hamas?  Mi rechazo a esta organización terrorista que tanto dolor inflinge a al pueblo israelí con sus atentados fue manipulado e interpretado erróneamente como un ataque a Palestina. Nada más lejos de la realidad. Siempre me he distanciado de los radicales de mi país. Lo bueno para el pueblo de Israel es bueno para el pueblo de Palestina. Ambos queremos la paz.

 Meses después del boicot vuelve a Catalunya. ¿Está inquieta?

 Sé que algunas organizaciones están preparando más protestas. No me importa, después de la Diada mucha gente de Catalunya se puso en contacto conmigo para expresar su vergüenza por lo ocurrido y dejar claro que fue una minoría y que el pueblo catalán destaca por su tolerancia. En mi retorno también influye mi relación especial con Catalunya desde que en 1995, cuando mi carrera musical echaba a andar, tuve una gran acogida del público.  

 Usted habla de diálogo, de entendimiento, pero la situación política parece que va en la dirección contraria y que el Gobierno de Netanyahu desoye a las Naciones Unidas.

 Los políticos en Israel y Palestina son un desastre. Unos irresponsable que no entienden que el primer paso para la paz es que todos, israelís y palestino, reconozcamos y compartamos el dolor y el drama humano que han sufrido y sufren los dos pueblos. Siempre he creído que es mejor decir y hablar de lo que apoyas y crees, no tanto de lo que odias.  Después de este paso deberemos saber perdonar. Sólo así puede haber construiremos un futuro en el que la paz deje de ser una utopía.

 

¿No confía en el Gobierno de Netanyahu?

Sería un grave error que dejaran desaprovechar la actual coyuntura y la presencia de Barack Obamama en la Casa Blanca. Es un momento clave para encontrar una solución dialogada, pero lamentable no hay liderazgo político ni en Israel ni en los países árabes. Por eso me gustaría ver como la gente se manifiesta en Istael y Palestina exigiendo diálogo y que sus dirigentes actúen.  Se lo digo sinceramente, me encantaría ver como el pueblo palestino arrincona a los extremistas, rechaza a Hamas y da todo su apoyo a Mahmud Habas. Me gustaría ver como elige a un interlocutor valido, a una persona que apueste por el diálogo. Asimismo, pido al Gobierno Israelí que escuche a los deseos de su pueblo israelí y empiece a actuar para recuperar el diálogo con Palestina.    

 ¿Obama ha abierto una ventana para la esperanza? En su país hay quien considera que es excesivamente crítico con Israel.

 Su irrupción ha sido un soplo de aire fresco. Yo, como madre, quiero que mis hijos vivan en un mundo mejor y Obama, hoy por hoy, apuesta por unas políticas y unos valores que nos pueden conducir a ello. Israel y Palestina no pueden dejar escapar esta oportunidad. Lamentablemente, en Oriente Medio vivimos instalados en una espiral de violencia que, en parte, fomentan los medios de comunicación. Alimentar el miedo, el conflicto, crear una atmósfera de inseguridad es bueno para los negocios de mucha gente, pero no pero para las personas de a pie.

 La cultura, el arte, son uno de los mejores antídotos contra la barbarie. ¿Qué les espera a los que asistan a sus dos conciertos catalanes?

Es una mirada retrospectiva, un viaje musical a las tres culturas, israelí, yemení y norteamericana, de las que bebo desde pequeña. Es una mirada al pasado, pero también  al futuro, una apuesta por la fusión y la mezcla como metáfora del mundo en que vivimos. Serán dos conciertos muy especiales para mí, ya que en febrero alumbraré mi tercer hijo y quiero tomarme una pausa en mi carrera.    

 

Chamaco: El torero que revolucionó Barcelona

EL TORERO QUE REVOLUCIONÓ BARCELONA

Paco March-La Vanguardia

A los 74 años de edad, ha fallecido en su Huelva natal, el que fuera matador de toros Antonio Borrero Chamaco , quien durante la década de los años cincuenta del pasado siglo fue auténtico ídolo de masas en Barcelona, más allá de los ambientes estrictamente taurinos. De origen humilde, Chamaco, enjuto y cetrino, debuta en Huelva como novillero sin caballos en 1953 y el 7 de marzo de 1954 se presenta en la plaza Monumental catalana en el que sería el primer acto del “fenómeno Chamaco”. El empresario, Pedro Balañá, le prometió pagarle los gastos y una repetición si gustaba: toreó veinticuatro tardes ese año en Barcelona, cortando 33 orejas, siete rabos y tres patas.

El “chamaquismo” se convierte a partir de ese momento en un fenómeno popular al que se suma la rivalidad con el torero de Santa Coloma de Gramenet Joaquín Bernadó, de concepto estilístico opuesto a las heterodoxas formas del onubense.

ESPAÑA-TOROS-FALLECIMIENTO

Con un toreo basado en la quietud, una cintura de enorme flexibilidad, reflejos asombrosos y pisando terrenos de inverosímil proximidad a los pitones, Chamaco, con su acusada personalidad, llena los tendidos y desata las pasiones en una sociedad necesitada de ídolos y que, en lo taurino, vivía huérfana de ellos desde la muerte de Manolete.

El 7 de octubre de 1957, Chamaco toma la alternativa en Barcelona de manos de Miguel Báez Litri , con Antonio Ordóñez de testigo, estoqueando el toro Larguirucho de la ganadería de Urquijo. Su presentación en Madrid un año después no se ve acompañada por el éxito, lo que hace que parte de la afición y la crítica lo consideren más un fenómeno local que una auténtica figura, pese a que suma ochenta festejos, dieciocho de ellos en Barcelona.

El 12 de octubre de 1961, tras torear en la Monumental, anuncia su retirada pero vuelve a los ruedos en 1963. Son años de pocos contratos y menor reconocimiento que tienen un punto final el 14 de septiembre de 1967 con la Monumental como testigo.
Pero Chamaco ha sido mucho más, que lo que las estadísticas y los análisis de su trayectoria taurina puedan mostrar.

Entre 1954 y 1960, sólo Chamaco podía discutir el cariño popular de la ciudad de Barcelona con el otro gran ídolo, el futbolista Ladislao Kubala. Se hizo célebre la pizarra que, a mitad de la corrida del domingo, anunciaba a Chamaco y dos más para el jueves, agotándose la entradas.

Torero tremendista se le llamó, quizás con cierto aire de descalificación, pero lo cierto es que Antonio Borrero supo cautivar no sólo a los aficionados sino también ser recibido en los salones de la alta sociedad de la época que, con una mezcla de admiración y gusto por lo exótico lo convirtieron en asiduo de sus fiestas, rompiendo así barreras y llevando su “revolución” más allá de los ruedos.

Varias son las anécdotas que evidencian el grado de comunión entre el torero y la ciudad. Como consecuencia lógica de su forma de interpretar el toreo, Chamaco sufrió varias cogidas graves y con ocasión de una de ellas, que le impedía torear en la fecha anunciada en Barcelona, el astuto patriarca Balañá le sustituyó por un desconocido Camacho, lo que confundió al gentío que, sin reparar en ello, casi llenó los tendidos.

Fueron años de gloria del toreo en nuestra ciudad, en la que incluso funcionaba la escuela taurina del torero eibarrés Pedrucho, afincado aquí, por la que pasaron toreros catalanes como los hoy empresarios Espinosa y Patón, Enrique Molina y tantos otros. Años de efervescencia, con las calles invadidas por la muchedumbre que, después de las tardes de toros, portaban en hombros a su ídolo Chamaco, casi convertido en paso de Semana Santa, desde las Arenas o la Monumental hasta el hotel Comercio de la calle Escudellers donde se alojaba el torero.

Hablar de la Barcelona taurina es hablar de Chamaco, como lo atestiguan las 178 tardes en que, durante doce años, toreó en sus plazas, 15 en Las Arenas y 163 en la Monumental. Una historia, la de Barcelona y Chamaco, que en estos momentos de incertidumbre por el futuro de las corridas de toros en Catalunya conviene tener muy presente.
Gracias, torero.

Entrevista Patrick Modiano (2)

“El tiempo es destructor como un bombardeo”
Xavier Ayen. LA VANGUARDIA

Lo primero que llama la atención de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) es su altura de jugador de baloncesto (1,98 m, según precisa). Nos recibe en su casa de París, equidistante entre el jardín de Luxemburgo y la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, en unos barrios inmortalizados en sus novelas. Hay un vídeo en You-Tube que simboliza mejor que nadie el sentido de su obra: aparece Modiano recorriendo un supermercado, construido donde antes había un cine, e intentando situar entre los estantes de productos los elementos que su memoria le indica: “Creo que aquí estaba la pantalla, aquí las butacas…”, apunta vacilante. En España vivimos un auténtico resurgir de Modiano, pues a su última novedad, En el café de la juventud perdida (Anagrama/ Proa), y a su prólogo al Diario de Helène Berr (Anagrama/ Empúries), se suma la edición de dos obras antiguas suyas, Dora Bruder (Seix Barral) y Calle de las tiendas oscuras, ganadora del Goncourt en 1978 y que Anagrama y Proa publicarán el próximo 5 de marzo.

Ahora que coinciden tantas novedades suyas, es la ocasión de comprobar si es verdad que escribe siempre el mismo libro.

Esa es una sensación que tengo a menudo. El mismo libro pero escrito a trozos, como un corredor que se detiene y retoma la carrera un tiempo después. Cada vez el mismo libro pero desde ángulos diferentes. De forma completamente discontinua, sin arquitectura. En el siglo XIX, las novelas se construían como una catedral, pero esto mío son unos trocitos. Como en la memoria, las cosas vienen a golpes, sin orden.

Si en Un pedigrí era usted quien realizaba una labor de detective sobre su pasado, en Calle de las tiendas oscuras es el narrador quien se pregunta por su identidad?

Él encima sufre amnesia, y no recuerda nada de su vida anterior. Intenta encontrar su pasado. Lo raro es que mis novelas son siempre eso, y no me doy cuenta más que cuando las he acabado: “Mira – me digo-,has vuelto a hacer la misma cosa”.

Esta es una novela en brumas, no conocemos ni la identidad del personaje principal…

Hay una atmósfera onírica, no estamos seguros de nada.

El pianista toca Que reste-t-il de nos amours y toda la novela es una pregunta sobre qué es lo que queda de nuestras vidas…

Estaba obsesionado con el hecho de que a menudo, de nuestras vidas, sólo quedan algunas briznas: unas pocas fotos, alguna agenda, los testigos desaparecen y los que quedan dan falsas indicaciones. El libro es una novela negra.

El narrador de Calle de las tiendas… no comprende el mundo, está perdido. ¿Y usted?

Todo tiene siempre un lado incoherente. Y, para que me vengan ganas de escribir algo, tengo necesidad de que las cosas sean enigmáticas. Me fijo en elementos que existen realmente: calles, personas, e intento infundirles misterio. Creo firmemente que incluso las cosas que nos parecen más banales contienen un misterio que, si uno las mira fijamente, acaba por desvelarse, como si todo tuviera una especie de subrealidad.

Reencontramos a París como personaje.

También es un París onírico que, aunque basado en lo real, con calles precisas, está totalmente interiorizado, a partir de mis recuerdos. Un París que ya no existe, no nostálgico, sino soñado. Han desaparecido tantos lugares… el paso del tiempo es como un bombardeo, todo se convierte en tiendas de ropa de marca.
Modiano
En el café de la juventud perdida habla de las zonas neutras de París. ¿Qué son?

Cosas raras, no man?s land, lugares imposibles de definir con precisión, barrios en los que uno no sabe si está o no en París, espacios que no se corresponden con su entorno, fuera de lugar. Por ejemplo, en los 70, el espacio donde hoy tenemos el museo Pompidou era un terreno vago, un gigantesco solar aparecido por los inmuebles destruidos tras la guerra. Era un agujero brumoso, impreciso, en medio de la ciudad.

No se relaciona mucho con escritores, ¿por qué?

Alguien que escribe está encerrado en su universo, en una campana de vidrio, es terrible. Me han dado siempre pena los encuentros entre grandes escritores, por ejemplo cuando Joyce se vio con Proust, en un episodio patético porque no llegaron casi ni a hablarse. Es una paradoja pero podría hacerle una larga lista de escritores que se han encontrado y ni siquiera se han comunicado. Es triste, es como si levantáramos una muralla, somos un poco autistas. Debe de haber gente, a lo mejor no en Francia, que trabaje en una línea parecida a la mía pero no los conozco y si les conociera no sabría qué decirles.

DOS TESTIMONIOS DEL HORROR

Las Anna Frank francesas

Dos libros vinculados a Modiano – cuyo padre era judío-recuerdan el horror del holocausto a través de sendas chicas francesas, que han sido comparadas a Anna Frank por el impacto que sus casos han causado en la opinión pública francesa. El Diario de Helène Berr recupera la voz de una chica de la burguesía que acabaría sus días en Auschwitz, como sus padres, pero que escribió estas páginas entre el 7 de abril de 1942 y el 15 de febrero de 1944 con la esperanza de que su novio las leyera. Modiano ha escrito un conmovedor prólogo, que puede leerse en las ediciones castellana y catalana, recién publicadas, y en el que elogia la alta calidad literaria del manuscrito, así como el afán de disfrutar de la vida de su autora. Asimismo, Seix Barral ha sacado al mercado Dora Bruder, libro escrito en 1997 por el propio Modiano basado en el caso real de una chica de 15 años desaparecida – sus padres llegaron a publicar un anuncio en la prensa en 1941 pidiendo datos sobre ella-y que en realidad fue llevada a los campos de exterminio. “Hay coincidencias entre los casos de Dora Bruder y Helène Berr – cuenta Modiano-,pero son también diferentes porque Berr procedía de un medio culto, burgués, donde había sólidos puntos de referencia que de hecho le permitieron escribir su diario. En cambio, lo que me fascina de Dora Bruder es que era alguien que no pudo expresarse, le robaron su voz, no pudo contar el destino que tuvo. Y eso es lo que yo he hecho”. Modiano investigó durante años porque “lo más raro es que no había testimonios, apenas algún apunte en los registros policiales. Es terrible ver cómo todo se pierde: incluso si usted pregunta a alguien sobre su propia vida él mismo habrá olvidado muchas cosas, o deformará otras inconscientemente, la incertidumbre es total”. El de Bruder fue un caso real, pero paradójicamente ha sido definido por algunos como una de las mejores novelas de Modiano. “Me parece bien – comenta-,yo no hago esa distinción, Dora Bruder ha existido pero lo extraño es que, tras haber escrito su libro, no tuve la impresión de que me hubiera desviado de mi línea. No hay ninguna diferencia, finalmente, entre este libro y mis novelas”. En Dora Bruder vemos cómo los nazis establecieron un rígido sistema de categorías de identidad: “Es extraño eso, casi metafísico: era todo un sistema complejo, con fichas muy precisas y al mismo tiempo, después, no quedó rastro de nada”.

Entrevista a Patrick Modiano (I)

Las obsesiones de Modiano

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA (EL PAIS)

Un día de hace casi 20 años, Patrick Modiano encontró en un viejo periódico parisino de principios de los cuarenta un pequeño anuncio que le impresionó. Decía así: “Se busca a una joven, Dora Bruder, de 15 años, 1,55 metros, rostro ovalado, ojos gris marrón, abrigo sport gris, pullover burdeos, falda y sombrero azul marino, zapatos sport marrón. Ponerse en contacto con el señor y la señora Bruder, bulevar Ornano, 41, París”. Modiano se obsesionó con el anuncio, con la chica y con la historia que ahí latía, en parte porque él había visitado mucho esa calle de adolescente. Se convirtió en una especie de detective privado contratado por sí mismo. Pronto descubrió que Dora Bruder era judía, que tras escaparse de casa fue detenida por la policía colaboracionista y deportada a Auschwitz, donde murió. Modiano buscó más. Revisó los archivos policiales, espulgó las viejas guías de teléfonos de París que nunca faltan en su casa, consultó fichas municipales, entrevistó a varios testigos de la época y del barrio que pudieran aún recordar que la conocieron. Anduvo como un lunático errando por las calles que Dora recorrió y que él conocía bien por haberlas andado de adolescente; entraba en los portales de los edificios que ella habitó y se quedaba ahí, quieto, esperando no se sabe qué… Ya no encontró nada más. Tenía el fin de la historia de Dora Bruder pero muy poca cosa de ella. Su rastro se había perdido casi definitivamente, como tantos otros. Sin embargo, con ese casi, con esas minúsculas certidumbres y utilizando también como material narrativo su propia obsesión y su búsqueda, Modiano escribió una joya estremecedora titulada Dora Bruder que habla de la memoria, de la dignidad y de la vida, contenida en apenas un centenar largo de páginas que ahora se vuelve a publicar en España.

“Luego, con los años, y con el libro ya publicado, me llegó algo más de documentación sobre Dora. Y me planteé la cuestión de si merecía la pena reescribir la novela o no. Decidí que no. No soy historiador. Soy novelista. No importa tanto el resultado de la búsqueda como la búsqueda en sí. Así que la novela se quedó como está”.

PREGUNTA. ¿Y por qué esa obsesión por alguien que no conoce de nada?

RESPUESTA. Yo también me he hecho muchas veces esa pregunta: ¿por qué estás obsesionado con las huellas de otras personas? Y creo que es porque vivo en el siglo XX o XXI. Si yo hubiera vivido en el siglo XIX habría escrito novelas rurales: largas novelas redondas y completas. Pero en esta época todo es fragmentario, y las grandes ciudades favorecen eso, el anonimato, que el rastro de las personas se pierda. No sé si me explico

… También es verdad que yo siempre he estado impresionado por las desapariciones, por las ausencias. Por eso me fascinan las viejas guías de teléfonos en las que aparecen los nombres de los abonados, porque de un año al otro hay gente que desaparece, que se va

…, en especial de algunos barrios, como el XVI.

P. Precisamente, muchas de sus novelas se desarrollan en esa parte de París, el XVI, cerca de Trocadero, que no tiene nada de especial. ¿Por qué?

R. Por eso, porque no tiene nada de especial. Muchos lo consideran un típico barrio burgués. Pero no es así del todo. Tiene una parte de barrio anónimo, banal, sin monumentos históricos, donde uno puede imaginarse cosas. En otros barrios parisinos te sientes bloqueado por la historia. En Trocadero y sus alrededores uno puede observar las calles y la gente que las habita de una manera un poco onírica. Es un barrio donde, en determinadas calles, la gente desaparecía mucho. Como le he dicho, yo lo he comprobado con las guías de teléfonos. Hay una suerte de movilidad extraña. Es un barrio burgués, pero tiene su lado extraño… Luego están mis propios recuerdos de infancia y adolescencia…Todo es un poco confuso. Yo no conozco Madrid, pero estoy seguro de que en Madrid debe de haber barrios así…

Patrick Modiano es muy alto, muy amable, algo torpe y muy tímido. Duda al hablar, le cuesta acabar las frases y su muletilla favorita es “no sé si me explico”. Vive en una vieja casa a la espalda del Jardín de Luxemburgo, no muy lejos del barrio donde pasó parte de su infancia: todo un síntoma de su relación con el tiempo y la memoria. El cuarto desde el que escribe es una habitación semicircular, tapizada de libros con una ventana también muy alta que da a un jardincito interior. Hay un diván arrugado en el que se sienta a leer cuando no trabaja. Escribe dos o tres horas al día sentado a una mesa colocada frente a la ventana y al jardín. Nunca más. Asegura que si hiciera caso a su carácter, terminaría sus novelas de un tirón, sin detenerse, pero que se obliga a refrenarse y a parar cuando han pasado esas dos horas a fin de mantener una tensión que sólo él percibe pero que, según él, es esencial para que la obra culmine.

Este hombre acogedor y atento nacido en 1945 es simplemente uno de los más importantes escritores vivos en Francia, dueño de un mundo propio, autor de más de 30 obras, ganador del Goncourt o del premio de novela de la Academia Francesa, entre otros. En España se han publicado recientemente, además de la citada Dora Bruder, En el café de la juventud perdida, Reducción de condena y Calle de las tiendas oscuras. Confiesa con naturalidad que escribe desde que tenía 20 años porque no sabe hacer otra cosa. No ha trabajado jamás en nada que no sea sentarse dos horas enfrente de esa ventana y pasarse las 22 restantes del día pensando en las páginas que quedan. Sus novelas siempre son cortas y exactas, transcurren siempre en los años cuarenta o sesenta, en un París particular y vagamente irreal, dilatado, enorme, donde siempre hay garajes, adolescentes abandonados a su suerte que se agotan en brutales caminatas errabundas y adultos que se buscan unos a otros como dentro de un laberinto: un verdadero territorio mítico que comparte con el París real los nombres de las calles y la ubicación precisa de los números. Él mismo es un maniático de la topografía parisina y si uno le menciona una calle cualquiera no es raro que Modiano no sólo la conozca, sino que la haya recorrido o la hayan recorrido sus personajes.

P. ¿Por qué las direcciones y los números de los portales son tan precisos?

R. El París de mis novelas, más que un París de hace décadas, es un París interior, casi onírico, que nace de las cosas que me impresionaron cuando yo era un adolescente. Y para que ese lado onírico se desarrolle, es preciso que las direcciones sean exactas. Puede que el edificio que se describe sea banal, no importante, pero sí que su ubicación en la novela sea perfecta. Es como un cuadro de Magritte: los objetos, aunque de carácter onírico, están dibujados de forma muy nítida.

P. ¿Y por qué unas direcciones y no otras?

R. Porque las guardo en la memoria: la dirección, el número, el edificio…

P. ¿Y ha cambiado mucho París desde su adolescencia?

R. El centro no ha cambiado tanto porque no se pueden destruir los edificios históricos. Pero en los barrios periféricos sí se han demolido muchas manzanas. Además, cuando yo era adolescente, existía en París una suerte de… fantástica mezcla de la sociedad. Por ejemplo, en el barrio de Les Halles, cuando aún existía el mercado, a partir de medianoche, con los camiones que iban y venían, o el barrio de la prensa, alrededor del Boulevard Reaomur, había una especie de sociedad fantástica y atrayente, todo estaba muy animado, no sé cómo decirlo. Incluso Los Campos Elíseos, o en Pigalle. Ahora es diferente. Y eso me ha marcado.

Modiano

P. ¿Y su barrio, Saint-Germain-des-Près?

R. Ha cambiado muchísimo desde mi infancia. Aparte de los dos cafés, Les Deux Magots y Le Flore, era un barrio muy provinciano, por así decir. Había una mezcla muy extraña. Por una parte, era un barrio muy tranquilo, con personas mayores sentadas en la plaza, y por otra, había cafés modernos y lugares donde se tocaba jazz. Me acuerdo, cuando yo iba a la escuela, que estaba en la Rue Dauphine, de que a veces pasábamos por una tienda a comprar bombones y veíamos a Picasso o a Giacometti. Todo mezclado, no se perdía el lado provinciano.

P. En

Calle de las tiendas oscuras hay un detective sin memoria que busca su propio pasado; en En el café de la juventud perdida todos los personajes se preguntan lo que fue de una chica que les impresionó; en Dora Bruder usted mismo se convierte en un investigador

¿No le da la impresión de escribir continuamente la misma novela?

R. Sí, sí. Yo ya me he dado cuenta de que me repito: siempre es alguien que busca a alguien, o alguien que intenta recuperar las huellas de alguien. Siempre es así. Y siempre es inconsciente. Luego me digo: mira, esto ya lo has hecho. Las cosas vuelven. Es por un sentimiento íntimo de ausencia, de abandono. Por eso intento buscar las huellas de las personas.

P. Se ha dicho que en su infancia está la clave de toda su obra.

R. Puede ser. Pero no es por una especie de nostalgia de la infancia. Es más por las cosas que yo he observado y que me impresionaron durante aquel tiempo. Hay una clase de atención especial, que hace que las cosas te impresionen fuertemente cuando eres un niño. Además, ese periodo para mí es triste. Sé que hay niños felices, pero mi infancia fue triste. Además, hay conversaciones que no entiendes bien y que te dan miedo. Cuando yo era niño me paseaba solo por París. Eso era impactante a esa edad porque normalmente a los niños no les dejan pasearse solos. Yo podía. Experimentaba al mismo tiempo miedo y curiosidad. Por eso la infancia: por esas primeras imágenes que te impresionan para siempre.

P. En

Pedigrí, una suerte de autobiografía, habla de esa época, y sobre todo de sus padres, él atareado con negocios extraños, ella actriz de segunda, viajera, que le abandonaban con frecuencia

R. Todo es real. Es una autobiografía un poco especial. Quería hablar de cosas que me hicieron daño y que me resultaban extrañas. En otras autobiografías se habla de cosas íntimas con las que uno está de acuerdo, con las que te reconoces. Yo, por el contrario, quería liberarme de cosas que me hicieron daño. Quería desembarazarme de todo eso que yo no elegí, que no me concernía del todo y que me hizo daño…

P. En casi todas sus novelas los personajes sienten un deseo imperioso de escaparse, de dejar atrás la vida que llevan y que cargan como un fardo que no les pertenece.

R. Esas escenas también provienen de cosas que yo he vivido cuando era niño o adolescente. Provienen del sentimiento de estar encerrado (yo estuve muchos años en internados un poco carcelarios). Además, les suceden por lo general a personajes adolescentes, que tienen entre 17 y 20 años, un periodo en el que por entonces, al menos en Francia, no eras un adulto porque no tenías la mayoría de edad legal pero tampoco eras un adolescente. Tenías la sensación de que todo lo que podías hacer en el mundo era algo clandestino, de que todo estaba prohibido. Yo mismo me he fugado, me he escapado, he hecho esas largas caminatas de adolescente sin parar por París, con una sensación de vértigo.

P. La adolescencia es una zona neutra, sin definir. Usted habla también de las zonas neutras de la ciudad, de París: son precisamente por donde vagan sus personajes.

R. Cuando yo tenía 20 años escribí una topografía de esas zonas neutras en París que tanto me impresionan. Son barrios frontera, situados a la mitad de algo, entre una zona burguesa y otra popular, por ejemplo, zonas sin una identidad precisa, zonas indeterminadas.

P. ¿Y por qué siempre aparecen garajes en sus novelas?

R. Es inconsciente. También viene de la infancia. No sé exactamente por qué. Cuando yo tenía seis o siete años vivía cerca de un barrio a las afueras de París, me cuidaba una mujer un poco extraña que me llevaba a un garaje, con unos coches que me impresionaron. Además, había un olor muy particular, una mezcla rara, un ambiente extraño en esos garajes y eso, ya digo que no sé por qué, me ha marcado. Yo me lo digo a veces: hay demasiados garajes en las novelas, pero no puedo evitarlo.

P. ¿Se continúa paseando por París?

R. Menos que antes. Me sorprendo mucho con la gente más joven. Con sus ropas. Reconozco en muchos de ellos un aire como el de juventud. Los trajes parecen los mismos que yo veía cuando tenía 14 años. No sé.

Casi es la hora de comer. La tarde cae sobre el despacho de Modiano, sobre la ventana alta y el jardín de abajo. El escritor se levanta, pensando en la última frase que acaba de pronunciar. Mira a la ventana y luego a la grabadora que contiene la entrevista. Luego dice:

“Todo ha sido un poco confuso ¿no?”.

Políticos en Agosto (1)

Iñaki Ellakuría/LA VANGUARDIA

“CATALUÑA NO PUEDE VIVIR INSTALADA EN LA QUEJA”

Portavoz de ERC en el Senado y hombre de confianza de Carod-Rovira, ha aprovechado el parón estival para acabar de pulir un libro que publicará en otoño bajo el título La España de los otros españoles . En este final de agosto ha viajado a Rumanía, entre Bucarest y Transilvania.

Un independentista que reside en Madrid desde hace diez años: ¿cómo lo lleva?
En este tiempo ha cambiado mucho mi idea y visión de lo que es y significa España.

¿Por ejemplo?
Cuando llegué no era consciente del poder real de un Estado. Este tiempo me ha permitido ver que en Catalunya en algunas cosas pecamos de ingenuos y nos falta tener conciencia de lo que quiere decir el poder y la voluntad. Los catalanes necesitamos buena política y buenos políticos, si no siempre tendremos las de perder frente a Madrid.

¿Ha sentido catalanofobia?
En Madrid están muy pendientes de Barcelona. Por un lado, nos temen como rivales. Siempre que Bar celona emerge como un polo de poder se moviliza en nuestra contra ese complejo mediático, político, empresarial y religioso que impera en Madrid. Temen el poder catalán y la idea de una España con dos capitales… Pero, por otro lado, nos ven con mucha admiración: los catalanes tenemos muy buena fama en España.

Noto en sus palabras una cierta decepción, amargura, por la manera de hacer política en Cata
lunya…
En Catalunya hay mucha crítica injustificada a la política en general… quizá porque llevamos demasiado tiempo instalados en la crispación y en la eterna reivindicación. La sociedad catalana está estresada desde hace cinco años, con tensiones negociadoras con el Estado. Catalunya no puede vivir instalada en la queja eterna, con llamamientos por parte de los políticos a manifestaciones y movilizaciones a las quejas permanentes. Cerrada la carpeta de la financiación ha llegado el momento de buscar estabilidad y luchar todos para salir de la crisis económica.

Pues desde su partido se está presionando a diario al Tribunal Constitucional por el Estatut, con esto que ahora llaman “manifestación preventiva”…
No soy partidario de poner la venda antes que se produzca la herida. Al margen de futuribles manifestaciones, es más efectivo estudiar y analizar la sentencia cuando llegue y ver qué acciones puede tomar Catalunya. Estoy seguro de que el Govern y el Parlament estarán a la altura de las circunstancias.
CARLES BONET

Algo tendrá que decir también el Ejecutivo
de Zapatero, que apoyó el nuevo Estatut, ¿no?
En efecto. El Gobierno tiene mecanismos políticos y legislativos para paliar los posibles efectos nocivos de la senten cia. Las Cortes y el Senado aprobaron el texto y también tendrán que decir algo.

¿La desafección no puede deberse en parte a que el
discurso dominante en la política catalana está a años luz de los intereses de la mayoría de la población?
A veces no centramos bien los temas y hay una tendencia excesiva a la declaración instantánea. Esta estrategia puede ir bien un día o dos, pero a la larga esto no penetra.

Esquerra apoyó la nueva financiación cuando en su día votó en co
ntra del Estatut, ¿incoherencia?
Quien quiera la coherencia perfecta que recurra a las matemáticas. La política siempre es un compromiso entre la idea de futuro y la coyuntura. Las circunstancias cambiaron y creo que este acuerdo de financiación, con las posibilidades del Estatut, es muy positivo para los intereses catalanes.

¿Pero cumple con el texto?
Sí, quienes dicen lo contrario es porque no se han leído o no han entendido ni el Estatut ni el nuevo sistema de financiación . Además ERC ha tenido su participación para conseguir superar los 3.500 millones de euros. Creo que esta decisión responsable será buena para ERC, ya que no se puede estar siempre haciendo la política del enfrentamiento.

Usted fue una de las personas clave para que Joan Puigcercós y Josep Lluís Carod- Rovira fumaran la pipa de la paz…
Fue un pacto muy importante. Ni ERC ni la sociedad catalana se merecían unas primarias a sangre y fuego. El pacto es sólido y debería verse plasmado en la próxima lista con Puigcercós de uno y Carod de dos.

El 23, uno de los nuestros

El 23, uno de los nuestros

Pericosonline.com/Iñaki Ellakuría

La vida es una paradoja. Una constante contradicción. Ahí está el ejemplo de Raúl Tamudo. La suerte de este delantero es que nació en Santa Coloma y ha logrado, con el tiempo y mucho sufrimiento,  convertirse en el mejor jugador de la historia del club que lleva en el corazón. Un chico afortunado, pensarán muchos. Y no les falta razón.   

Pero la desgracia de Tamudo también es haber nacido en Santa Coloma, y no en Belgrado, Rio de Janeiro o Buenos Aires, y por ello haber tenido que pagar un peaje muy alto, demasiado alto, en forma de críticas, menosprecio, insultos, y falta de reconocimiento incluso por una parte de la afición perica…Un joven con mala suerte, pensarán otros tantos. Y tampoco irán desencaminados.  

 La contradicción de Tamudo. Una paradoja que ha soportado con resignación y silencio durante más de una década. Delantero regordete, poco agraciado, tímido, callado, hijo del cinturón industrial y que ha cometido “el pecado” de no hablar catalán; delantero que siempre se ha mostrado orgulloso de la zamarra blanquiazul y que ha perforado la portería culé con satisfacción; delantero que muchos ridiculizaron en sus inicios y otros siguen ridiculizando hoy (por envidia y rencor) en programas de supuesto humor refinado, optó desde el primer momento por hablar en el campo y huir de los platos de televisiones poco amigas y resistirse a chupar micrófonos envenenados. Una osadía que en estos tiempos de fútbol mediático, de jugadores que parecen bailarinas de discoteca cara y perfume de importación, pasa factura.   

tamudo

Ahora como cada verano surgen los rumores sobre su marcha.  Y mientras eso sucede el vecino azulgrana se frota las manos al ver que los pericos se pueden quedar sin referente el año en el que estrenan casa. Titulares anunciando su adiós, palabras vacías, comentarios malintencionados, chismorreos sin fundamento… Nada de esto está logra cambiar a Tamudo quien,  fiel a su estilo, aguarda silencio. Duda, sopesa, le da vueltas a su decisión… Hay mañanas que se despierta decidido a partir y buscarse el futuro en húmedos campos británicos…  Pero cuando llega la noche y la penumbra invita a la melancolía recuerda sus días de vino y rosas, sus hazañas con la blanquiazul: su gol ante el Hércules, la pillería de la final de Mestalla, el “tamudazo” del Camp Nou, la tristeza de Glasgow… y entonces piensa que no, que no se irá nunca, que su sitio está aquí, porque él por encima de todo, antes que nada, es uno de los nuestros. Lo dicho, la paradoja de Tamudo.